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Paso firme

Ana Vives Casas

anvives@huelvainformacion.es

Hacia la 'nueva normalidad'

Hoy es como un pequeño ensayo de lo que puede venir después. Se abre una puerta pensando cómo abrir dos a partir de mañana. O no. Niños, jóvenes, adolescentes, maduros y viejos vamos a tener que vivir con el coronavirus durante muchos meses y cuanto antes empecemos a ensayar esta convivencia, mejor. No sé muy bien por qué empezamos por los más pequeños, porque creo que las mismas necesidades las tienen los mayores (problemas de sueño, estrés o posible falta de vitamina D tras más de seis semanas sin salir) o los adolescentes, ese grupo que nadie nombra y que lo está pasando realmente mal porque está acostumbrado a dedicar casi todo el tiempo libre a estar en la calle con sus amigos. ¡Menos mal que ya podemos pasear y hacer algo de deporte a partir del sábado!

A veces pienso que las decisiones llegan como resultado de la más pura improvisación, y para improvisar hace falta mucho talento que se ha perdido, como decía el polifacético Alfredo Landa. La desescalada está a la vuelta de la esquina y no son pocos los ayuntamientos que ya trabajan en qué hacer a partir de entonces. Hay que estar preparado para cuando llegue el día, como bien sabe más de un alcalde de la provincia que brega desde hace semanas en la readaptación a la nueva normalidad a la que estamos deseando llegar. La mayoría de ellos piensa que las directrices para ello llegarán desde el Gobierno central -a pesar de que desde el Gobierno andaluz se pedía que la apertura comenzase por zonas menos castigadas como la nuestra- porque al final la base debe ser la protección de la salud. Tiene sentido. Después de mes y medio de encierro, los ciudadanos hemos dado un ejemplo de responsabilidad y sentido común (con excepciones, como siempre las hay), aunque no quiero pensar que en ese plan se puedan olvidar de los mayores. Llevan mucho tiempo encerrados entre cuatro paredes, solos, sin paseos, sin manejar las nuevas tecnologías como el resto de la población para suplir la falta de comunicación directa. Está claro que el aislamiento de la tercera edad no ha tenido otro objetivo que el de proteger a un colectivo especialmente vulnerable (como otros) de los efectos devastadores de ese bicho que tiene desagradable hasta el nombre. Pero parece que ya va llegando también su momento y pensar en abrirles la puerta, de forma progresiva, con las medidas de seguridad necesarias y ¡ojo!, sabiendo que es voluntario (el que se quiera seguir quedando en casa que lo haga). De paso, en ese plan que el Gobierno debe estar preparando con su comité de expertos, no estaría de más revisar más de una normativa que se ha demostrado que, en comunidades como la madrileña o catalana, se tenía la mano abierta a posibles negligencias con los ancianos.

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