Me gusta mi tierra, la quiero y la defiendo, donde y frente a quien sea porque Huelva -muchas veces lo he dicho- "sorprende y enamora" pero esa pasión no debe nunca anular el conocimiento y decir, por tanto, aquello que uno cree o piensa, siempre con ánimo constructivo y aun a costa de ser etiquetado, somos muy aficionados a ello, por un localismo mal entendido que se empeña en no aceptar la crítica para corregir los posibles defectos o debilidades.

La pena es que casi siempre se convierte en defensor del aludido o de la cuestión alguien que espera hacer méritos en la espera pública ante los poderes establecidos.

En contraposición a ello, somos tan acogedores y sencillos que cuando aparece alguien que, por su condición foránea, "habla fino y bajito" de entrada le damos la razón, le facilitamos todo y lo convertimos en figura hasta que, llegado un día, "canta la gallina", desaparece y nos deja con un palmo de narices. Pues bien, ni lo uno ni lo otro. Para mí, lo real es ir de frente, aceptando que podemos estar equivocados, pero actuando así no engañaremos a los demás.

Y es que Huelva es como una bella durmiente con tanto atractivo por explotar que hay quienes no quieren despertarla a pesar de estar cortejada por muchos teóricos príncipes políticos envueltos en el azul y blanco de nuestra bandera, pero excesivamente preocupados por su autopromoción como para incomodar a sus jefes opositores al despertar de esta tierra.

Dicho todo esto que daría para una tesis doctoral, sin plagios naturalmente, les pongo un mínimo ejemplo de descuido con repercusión negativa de imagen. Muchos recordamos como vivíamos el traslado a Punta Umbría cuando solo existía la canoa. El trasiego continuo de la Angela Marisa, el Rápido, la Belleza de Alicante… más tarde, el Chimbito… las colas interminables, la brisa, el sentido de las mareas, la brillante luminosidad tras el tranquilo atraque, la reverberación de la arena, escoltados por las uñas de león, camino de Calypso, Terramar, etc.… el horizonte con decenas de blancas velas y la esplendidez del baño… el tiempo ha pasado, las posibilidades son múltiples pero el atractivo de la canoa persiste. La placidez, la comodidad, la belleza de los parajes… persisten, pero hay un borrón inevitable que daña la imagen turística, resta valor a la maravilla de la travesía, perjudica el nombre de Punta Umbría y lo peor, se corre el riesgo de tener algún accidente, al margen de incomodar a los pasajeros. En el muelle, está prohibido bañarse, pues hay que cumplirlo, no se pueden hacer atraques con bañistas haciendo piruetas desde el muelle, y quien tenga la competencia debe ejecutarlo. La estructura del mismo está muy deteriorada, pues hay que arreglarla… hacer la vista gorda no conduce a nada luego, vendrán las lamentaciones.

Mínimo ejemplo de dejación pero que mancha el nombre de esta tierra que tanto queremos.

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