Este mes hay una intensa actividad festiva en la provincia de Huelva. La llegada del calor ha contribuido a acentuar el ambiente primaveral, que en todas las comarcas onubenses viene marcado por el desarrollo de romerías, cruces y otras celebraciones tan esperadas en prácticamente todos los municipios. Hasta ocho romerías se celebran este fin de semana en diferentes puntos. Y pasan de la treintena, casi cuarenta, si contamos las que quedan por delante y las que ya se han celebrado desde el Domingo de Resurrección, pórtico romero provincial.

Algunas de estas festividades religiosas se remontan a tiempos realmente remotos, varios siglos atrás, entre las más antiguas de Andalucía y de España. Muchas de ellas son también una excepcional muestra antropológica del sur de España, de comarcas de riqueza única alimentada durante años por las más heterogéneas influencias. Y todas, incluso las más recientes, creadas hace apenas unas décadas o lustros, reflejan una identidad cultural tan propia de esta tierra que las convierten en una gran puerta abierta de los onubenses.

Igual que con las romerías ocurre con las cruces. Algunas, entre las romeras, pero todas, con marchamo propio, único, igualmente reconocido: las del Condado, las del Andévalo... Hasta las de la capital, en los barrios, pequeñas embajadas de tantos pueblos de la provincia.

Y falta aún la gran cita de la primavera onubense, la del Lunes de Pentecostés, este año en junio. La peregrinación hacia El Rocío, al encuentro de la Blanca Paloma, es el gran momento de la mayor devoción mariana en España. Y se celebra en Huelva, en Almonte, parte indispensable, además, de la rica historia del entorno de Doñana y del desarrollo de la vida marismeña en Andalucía.

Con el estandarte rociero al frente, todas las festividades de mayo en Huelva tienen entidad suficiente, extraordinaria, para ser reconocidas por su gran valor y ser descubiertas fuera de la provincia. Es otra de las riquezas que tiene Huelva y ya es hora de que sean contempladas como unidad, con toda la fuerza que dan sus puntos comunes y sus diferencias; todas las peculiaridades que las convierten en auténtico patrimonio inmaterial, genuino como pocos.

Los propios onubenses estamos obligados a descubrirlas, o redescubrirlas, estas semanas. A valorarlas y a conservarlas. Y a hacer todo lo posible para difundirlas. Divulgar su riqueza y, claro, venderlas en el exterior para que sean también fuente de turismo y de riqueza. En la condición dadivosa de la gente de Huelva está también compartir su riqueza ancestral con el máximo orgullo.

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