Crónica Levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Qué malas son las primarias

Soraya parece que se va, casi ni fue al Congreso, votó, pero se ausentó de la reunión de Casado con los diputados

Soraya Sáenz de Santamaría parece que se va, ayer casi ni fue al Congreso. Se ausentó de la cita de Pablo Casado con todos los diputados populares, votó por obligación y sigue a la espera de que el nuevo presidente le explique qué quiere hacer con ella. Demora inútil. Casado se marcha al extranjero y ha dejado dicho que Soraya tiene un puesto esperándole en la Ejecutiva nacional. Y poco más. No va a ser cabeza de lista a las elecciones europeas ni va a liderar ninguna otra nómina por Madrid.

Las elecciones primarias son un avance democrático, pero es ruina para el partido y cicuta para el perdedor. Qué mal se llevan. Las peleas con los contrincantes del otro partido se conllevan e, incluso, dan para grandes amistades, como la de Alfonso Guerra y Abril Martorell, nacida sobre el interlineado de la Constitución.

Soraya espera, como alma en pena, en la puerta del Congreso a que Casado le dé un destino acorde con su anterior cargo de vicepresidenta del Gobierno y de abogada del Estado. No llegará. Si hubiese asumido el ser del político -cosa harto imposible del magisterio de Mariano Rajoy- aguantaría como buzo bajo el agua, de diputada rasa. La vida de los partidos es como el clima en Irlanda: en un sólo día se pueden vivir las cuatro estaciones. Fíjense en Pedro Sánchez, extremo de político correoso, con sus dos esquelas como medallas sobre la solapa. O en Javier Arenas, a quien todo cronista que se precie en este país le ha escrito un obituario (político).

Pero Soraya no ha sido picada por esa avispa. Eduardo Madina se marchó después de perder dos primarias -las propias y las de Susana Díaz, a quien apoyó-, y la presidenta andaluza aguantó porque, en el fondo, está hecha del mismo material que Pedro. Borrell, que es el perdedor de primarias por antonomasia, es hoy el ministro de Exteriores y ha sido, entre otros cargos, presidente del Parlamento Europeo y libertador de Barcelona. Es la sustancia del político: maleable como la goma, incorrosible como el titanio.

Con Soraya se irán quedando arrumbados los sorayos, comenzando por Ayllón, que era el guardián de las esencias tecnocráticas. Quienes no convenzan de lealtad al nuevo líder, se irán marchando. Llaman las campanas a elecciones andaluzas, y Juanma Moreno se prepara para su examen final: si no logra gobernar, el PP andaluz será el primero en entrar en una nueva crisis en busca de otro candidato.

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