Ansia viva

Óscar Lezameta

olezameta@huelvainformacion.es

Que las malas noticias las dé el vecino

No sé si se habrán dado ustedes cuenta, pero estamos en medio de una pandemia. Cuando dentro de unos diez años alguien eche mano de la hemeroteca y vea las imágenes que este fin de semana se han publicado en Huelva Información con bares atestados de gente y les digamos que fueron tomadas cuando estábamos afectados por un virus contagioso y potencialmente mortal, no hará otra cosa que echarse las manos a la cabeza y compadecerse de nuestra temeridad. Somos unos inconscientes. No se trata de responsabilizar a los dueños de los establecimientos, sino de mirarnos nosotros mismos. No puede haber un policía detrás de cada uno para multarnos cuando no hacemos algo bien; tiene que salir de nosotros cuidarnos a todos. El concepto de comunidad, de vecindad es otra de las víctimas de la pandemia. Ha quedado aniquilado. Ni miramos por nosotros, ni nos importa nada quien tengamos enfrente. Mesas de cuatro ocupadas por ocho, tres de ellos fumando, a menos de un metro de la mesa que tenían detrás, son imágenes que ojalá nunca volvamos a publicar. Si nos vuelven a confinar, habremos hecho todo lo posible por merecerlo y ya pueden volver a rescatar las grabaciones del Dúo Dinámico, porque vamos en camino.

Otra cosa es la enorme laxitud con la que las autoridades se toman estas situaciones. Un presidente de comunidad tiene que comunicar una derrama para arreglar el portal que buena falta le hace. En lugar de ser responsable y explicar a todo el bloque la necesidad de la misma, acude al último vecino que acaba de llegar al edificio para que sea él quien transmita la noticia. Así, siempre se podrá echarle la culpa ante las críticas que, seguro, recibirá la propuesta.

Exactamente así actúan las autoridades. Las actas levantadas este fin de semana por los agentes de la policía que hacen más de lo que pueden para remediar una situación que se ha ido de las manos, quedarán en nada. Las multas serán perdonadas por la intolerable dicotomía planteada por los malos regidores de elegir entre economía y salud, sin entender que la primera es imposible sin la segunda.

Las cifras juegan a nuestro favor en Huelva, pero no tentemos a la suerte. Somos de las provincias menos afectadas, pero tampoco tenemos un sistema sanitario del que presumir y las hospitalizaciones nos desgranan un conteo ascendente que, comportamientos como los del pasado puente, no hacen más que alimentar. Nos va la vida en ello. De hecho, nos iba la vida en ello y después de meses de convivencia forzada con la enfermedad y la muerte, se nos ha olvidado lo mal que lo pasamos. No podemos actuar con normalidad, porque la situación no es normal.

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