La lucha de "clases"

Hay que adoptar medidas políticas, pero la lucha contra la segregación alcanza a toda la comunidad educativa

Un grupo de padres y madres de Manresa, profesionales de clase media, se han puesto de acuerdo para llevar a sus hijos a colegios públicos cuyo alumnado mayoritario es de origen inmigrante. Son centros llamados "de alta complejidad" (aquí en Andalucía, "de difícil desempeño"): esos de los que huyen las familias con cierto nivel socieconómico, aunque estén cerca de casa, para elegir un centro concertado donde creen estar más protegidos. Y lo han hecho precisamente porque no quieren que los niños se eduquen en colegios-burbuja, sino que tengan experiencia directa de la diversidad de su entorno y de este modo estén preparados para convivir y gestionar conflictos. El gesto tiene tal potencial ejemplarizante que explica su amplia repercusión en redes y medios de comunicación, e invita a detenerse en él, tanto por los hechos que lo motivan como por la cuestión ética que plantea.

Por un lado: la segregación escolar (la concentración de un mismo tipo de alumnado en los mismos centros) va en aumento y pone en serio peligro el sistema educativo. Si solo disfrutan de libertad real para elegir colegio aquellos que pueden permitírselo, ¿de qué igualdad de oportunidades estamos hablando? Los colegios-gueto condicionan las expectativas y resultados del alumnado más vulnerable, justo el que más necesita que el sistema compense las desigualdades de partida. Pero para la administración son políticas incómodas y lo que tenemos son parches, no una voluntad real de corregir la segregación.

Por otro: la opción de estas familias cuestiona y también asusta, porque significa tomarse en serio el pacto social que sostiene la democracia aun aceptando riesgos personales. Significa situar el bien común antes que el individual. Y deja en el aire muchos interrogantes: ¿Cuál es el coste que cada uno está dispuesto a asumir en términos de equidad y justicia social? ¿Qué consecuencias tiene dejar las cosas como están, y qué implica ponerse manos a la obra?

Sin quererlo, estos padres y madres han puesto el dedo en la llaga. Se trata de una opción de "clase": de clases sociales y clases escolares, de aulas de ricos y de pobres, de fomentar la cohesión o perpetuar los estigmas. Hay que adoptar medidas políticas, por supuesto, pero la decisión de luchar contra la segregación alcanza a toda la comunidad educativa. Cada pequeño gesto cuenta, abre grietas en el muro. Y permite imaginar, por un instante al menos, un futuro diferente donde se pueda cruzar del yo al nosotros.

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