El verano es propicio a las lecturas. En este dos libros me han llamado especialmente la atención. El primero El asedio, de Arturo Pérez Reverte. Una lectura tardía. Se publicó en 2010, pero hasta ahora no he podido leerlo a través de una edición limitada y numerada publicada con motivo de la conmemoración del décimo aniversario. No es la obra que más admiro del prestigioso autor. Se trata de una novela ambiciosa dentro de las características clásicas de su narrativa. En un intenso relato de ese realismo histórico encuadrado en un trasfondo real y una ficción apasionante, se desarrollan distintos sucesos sobre el panorama caótico del sitio de Cádiz en la Guerra de la Independencia en 1811.

Con los asesinatos despiadados de unas mujeres jóvenes se inicia una investigación por un tozudo comisario sin escrúpulos, que no renuncia a su peculiar manera de ejercer sus pesquisas. En otras diversas tramas intervienen diferentes personajes propios del ámbito gaditano de la época, violentado por los continuos bombardeos de las tropas francesas prestas a rendir el último reducto de la lucha contra el imperialismo napoleónico. La intriga policial y el relato de los acontecimientos bélicos y políticos se conjugan con un costumbrismo que comparte la tragedia del asedio. La alta sociedad gaditana, los poderosos y aprovechados alternan con corsarios, espías, contrabandistas y políticos que elaboran una nueva constitución. Pese a su minuciosidad, su reiteración incluso, absorbe la desbordante lexicografía de Pérez Reverte, su expresividad en el detalle, sus conocimientos náuticos y artilleros, que tanto complacen a quienes lo fuimos en su día.

Más valiosa ha sido la lectura de El Rocío antes del alba, de los almonteños Juan Villa y José M. Martín Boixo, de la que ya me ocupé en esta columna el pasado agosto. Siendo también un relato histórico, su realismo es más cabal, más auténtico, más directo y entrañable especialmente para nosotros y particularmente para quienes hemos vivido la entidad única de la aldea rociera. La de Juan Villa es otra de esas prosas que subyuga por su esplendorosa concreción y por su dominio del tiempo y del espacio. Una visión tan lúcida de una época desde sus orígenes hasta principios del siglo XIX y más exactamente hasta que la aldea evoluciona progresivamente a finales de los años cincuenta del siglo pasado. Un texto imprescindible que nos revela su más integra raíz en su peculiar urbanismo y en su población humana tan singular y tan desconocida para la mayoría.

Juan Villa, provisto de su afortunado bagaje literario, evidenciado en un una obra brillante y admirable, con la colaboración de José M. Martín Boixo, describe la perfecta perspectiva histórica, en lo urbano y en lo humano, en lo paisajístico y en lo biográfico. Subyuga por su autenticidad sobre un pueblo único en nuestra mágica geografía, que se convierte una vez al año en una de las poblaciones más numerosas de España.

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