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Paso firme

Ana Vives Casas

anvives@huelvainformacion.es

De leales, que no sumisos

Parece que se han quedado sin espacio. Las acusaciones pesan más que las propuestas, las críticas ganan a las soluciones y el oportunismo se antepone a los proyectos. La lealtad no se lleva y, por tanto, los leales ya no tienen sitio, no encuentran espacio en la política. Hoy, parece que ya no importan las ideas, sino destruir al contrario, simplemente por eso, por ser supuestamente el contrario.

Y, ¿qué quieren que les diga? Que no se puede avanzar en un proyecto político sin leales, sin ese grupo anónimo de fieles que trabajan por convicción propia, más allá de su interés particular, sin esperar un buen puesto (y su asignación económica correspondiente) a cambio.

No se puede motivar a un electorado cuando sale por las puertas del mismo partido quien ha estado décadas trabajando en silencio, simplemente (ahí está su valor) por la satisfacción de creer en un proyecto que casa con una forma de pensar y vivir. No se puede predicar con el ejemplo cuando se arrincona a quien te ha defendido y apoyado en los peores momentos.

Cuando todo va bien es muy fácil ser leal, pero no nos confundamos: leal no es quien adula, tampoco lo es quien actúa de forma sumisa. Leal es quien no falla cuando se le necesita y quien habla con franqueza y honradez cuando hace falta.

La lealtad está en desuso y sobre ella se ha escrito mucho. Josiah Royce se refiere a ella como el "centro de todas las virtudes" y como una devoción a una persona o una idea. Por eso sorprende aún más que no sea la base de la política actual.

Esté o no de moda, nadie puede discutir que ese valor es natural en una gran mayoría que también acude a las urnas, que también preserva unas siglas y que, quizá, pueda decidir castigarlas con un voto no favorable.

La lealtad política es un compromiso personal, un valor y define a quien la practica y también a quien deja de hacerlo.

Estas últimas semanas hemos vivido movimientos de algunos políticos que no son sino la consecuencia de una desilusión tremenda entre los afiliados y simpatizantes, de una falta de unión entre la militancia y la dirección y, aún peor, de una ausencia de apoyo y respaldo en momentos en los que ha hecho falta que el partido saque la cara por quien lo ha hecho de forma callada durante décadas a la inversa.

En política no todo vale, y si alguna vez hubo suerte, es difícil que la haya en otra ocasión. La lealtad es recíproca y si los principios no se cuidan, hay que decirlo con franqueza y actuar en consecuencia. De eso se trata: de ser leales, que no sumisos.

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