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Los juegos del trile

Eso de comulgar con ruedas de molino está pasando, por fin, a la historia en una ciudad que ya no tiene tantas tragaderas

No sé qué demonios le pasa, pero desde la semana pasada tengo a Alexa loca con Shakira. Me la pone en bucle. Es decirle "Alexa, pon música" y empezar con la retahíla de la monotonía, el rolex y lo de qué bien actúas. Toda la trilogía del despecho. Yo la dejo porque no soy quién para llevar la contraria a una inteligencia superior y porque a veces suena alguna de las antiguas, de cuando Shakira no era un producto de marketing sin chicha ni limoná. La cosa es que escuchando, escuchando, me he percatado de que los cantantes de reggaeton se nombran a sí mismos en sus canciones. No soy capaz de adivinar por qué, aunque supongo que, como todos cantan igual, lo hacen así para que podamos distinguirlos. Se reivindican a sí mismos en una especie de marca de agua musical que en el fondo nos recuerda que aquí no importa la canción, sino quién la canta. Que lo de menos es la música. El burro volando de toa la vida con un punto de autobombo fútil. Una costumbre que practican, mucho y sin ningún disimulo, algunas instituciones onubenses, aficionadas desde hace décadas al juego del despiste, a tapar la Luna con el dedo. Al trile. Ejemplos hay muchos. Los más recientes, con respecto a la situación de los restos del puerto tartésico del viejo edificio de Hacienda, están dando para una enciclopedia, un 'Tratado sobre el cinismo' que empieza por el libro reivindicativo sobre Tartessos publicado por el Ayuntamiento (que seguro que está genial, ahí no me meto), sigue con la nueva imagen de marca de la ciudad como "cuna" de la civilización tartésica y acaba con notas de prensa como la del otro día de la Junta acerca de los enterramientos islámicos de El Torrejón en la que dice, démosle gracias, que va a hacer lo que está obligada a hacer: cumplir la Ley de Patrimonio y llevarlos a un Museo. Lo que no sé es a cuál, porque en el actual ya no cabe un alfiler, y del otro mejor no hablamos. Junta y Ayuntamiento reivindican obviedades, como en los duetos de Ozuna, Maluma y todos estos, mientras tratan de movernos la bolita sin que nos demos cuenta. Lo que pasa es que ya no cuela. Eso de comulgar con ruedas de molino está pasando, por fin, a la historia en una ciudad que ya no tienen tantas tragaderas.

Algunos ya lo ven venir. Los de Juanma Moreno están sabiendo escuchar, presionar donde deben y rectificar después. Lo hicieron con el Materno-Infantil y lo hacen ahora con Hacienda. Algo reconforta eso, qué quieren que les diga. Otros, sin embargo, siguen mirándose al ombligo sin verlas venir.

Allá cada cual. Lo que de verdad importa es que el futuro de los restos de nuestro puerto tartésico va a ponerse ahora en manos expertas. De la foto de la primera reunión de este 'comité' hay al menos tres caras que me dejan tranquilo, pero aún con esas seguiré atento a los juegos de manos, que es mejor un porsiacaso que un telodije. Que con los trileros, como con los del reggeaton, nunca se sabe quién lleva la voz cantante.

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