La imagen de España

Reiteradamente se percibe la existencia de un gobierno con dos bloques que no encajan con armonía

Hay quienes afirman que Pedro Sánchez está muy contento con Pablo Iglesias, con la creencia de que el segundo es el que le hace las negociaciones o tareas que a él no le gusta hacer. Por supuesto, esto es una hipótesis, porque habría que comprobar tal suposición preguntándoselo directamente al presidente o llevando a cabo una observación muy directa y rigurosa que la confirmara en alguna medida. Lo que sí es obvio es que reiteradamente se percibe la existencia de un gobierno con dos bloques que no encajan con armonía, por mucho que quieran quitarle importancia alegando que son dos partidos distintos y que, por tanto, es normal que alguna vez haya diferencias. Sea cual sea la realidad, lo cierto es que la acusada discrepancia mediática y la pugna por ver quién es capaz de presentar un proyecto de ley o cualquier medida antes que el otro es una desdicha política en nuestro país. Y lo es, porque la imagen que se proyecta no es buena e influye en ámbitos diversos, como la economía, la cultura o la respetabilidad de nuestros profesionales y productos.

Esa imagen a la que se hace referencia es crucial para la denominada marca España y constituye un capital, en este caso, intangible del que, bien cuidada, se puede obtener una alta rentabilidad en todos los sentidos. Sin embargo, lamentablemente, no se aprecia esa atención necesaria sino toda la contraria. No solo no se hace nada para mejorar la proyección sobre lo que somos o significamos, sino que, incluso, se hacen declaraciones o actuaciones que la deterioran. El último dardo de Iglesias, que lo ha ratificado, ha sido su alusión a un déficit de normalidad democrática, poniendo en cuestión la calidad democrática española; un regalito para los abogados de Puigdemont que, además, ha servido a la portavoz del ministerio de Exteriores ruso para mofarse del gobierno español. Todo esto ocurre, además, en unos momentos de crisis, en los que es necesario captar recursos para las empresas españolas, para intentar salir económicamente de dónde estamos y de donde se presume que estaremos con la continuidad de la pandemia a medio plazo. Se entiende la dificultad de la ministra María Jesús Montero para justificar las palabras de Iglesias, pero no vale lo que ha argumentado, al declarar que el podemita se preocupa por la mejora de nuestra democracia y que todo hay que encuadrarlo dentro de la campaña a las elecciones catalanas. En fin, toda una sucesión de irresponsabilidades, despropósitos e incompetencias.

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