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Emmanuel Macron, actual presidente, y Marine Le Pen, líder del partido Agrupación Nacional, se presentan hoy a la segunda y definitiva vuelta de las elecciones presidenciales francesas. Por primera vez, es matemáticamente posible que la diputada Le Pen gane. Este hecho, novedoso e inquietante, abre un horizonte de incertidumbre sobre el futuro de Francia y, por extensión, sobre el de Europa.

En la esfera exclusivamente interna, las propuestas de Macron se encaminan a afianzar el Estado de bienestar (con ambiciosos planes en materia de empleo y de vivienda, rebajas en el precio de la energía y elevación, para hacer sostenible el sistema, de la edad de jubilación de 62 a 65 años, entre otras). En este mismo ámbito, Le Pen centra su proyecto en el aumento del poder adquisitivo de los consumidores (reducción del IVA de la energía del 20% al 5,5%; dentro de su nacionalismo, priorización de los ciudadanos franceses en el empleo, alojamiento y justicia social; y, en contraste con Macron, fijación de la edad de jubilación en 60 años para aquellos que hayan trabajado desde los 20 años).

Pero, más allá de las medidas de política interior, la mayor divergencia entre los dos candidatos se localiza en el concepto de Europa. Son tantas y tan profundas las discrepancias que, en el supuesto de que Le Pen triunfe, los expertos dicen que su victoria amenazaría la cohesión misma de la Europa unida. Una ruptura de tal calado, proveniente además de la Francia fundadora, comprometería la continuidad efectiva de la dinámica unificadora europea, introduciendo un a modo de Frexit subrepticio.

No es que Le Pen reclame ya abiertamente una salida francesa del euro y de Europa. En eso ha aprendido. Pero sí afirma que la UE debe evolucionar hacia una Alianza Europea de Naciones impulsada desde dentro. Propuestas como la de restablecer controles permanentes en las fronteras nacionales, dan noticia de la peligrosa y obvia regresión que persigue.

En esta línea hay que situar su firme defensa de la primacía de la Justicia francesa sobre los tribunales europeos, algo en lo que coincide con la izquierda de Mélenchon, también partidaria de la soberanía judicial, acercándole votos en teoría muy alejados.

Es, al cabo, la gran pregunta: ¿logrará Le Pen la Presidencia francesa con el apoyo de la Francia Insumisa de Mélenchon? La respuesta, que conoceremos esta noche, determinará la solidez de las democracias francesa y europea.

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