Javier Ronchel

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Las historias de Cati y Marco

Cati y su hermana tenían 12 y 10 años cuando una familia se interesó por ellas. Vivían en un centro de acogida de menores a cargo de la Administración, sin la tutela de sus padres biológicos, y estaban a la espera de un hogar que les proporcionara mucho cariño y cuidados durante toda su infancia. Pero nadie quiso hacerse cargo de dos niñas a la vez en los siete largos años que allí llevaban. Hasta ese día de finales de verano de 2006 que jamás olvidarán. Una pareja sin hijos supo de ellas y empezaron a conocerse. Hablaban, quedaban y las invitaban a comer, pero no se atrevían a pedir otra pizza que "la más baratita, no fueran a creer que éramos caprichosas y les íbamos a hacer gastar mucho". Pero se las llevaron a casa, en una acogida indefinida que les dio la habitación propia con la que tanto soñaban. "Eran como mis padres. ¡Son mis padres!", contaba Cati, feliz y orgullosa, ya con los apellidos de ellos, después de decidir, pasados los 18 años, que serían su familia para siempre y tramitarían la adopción legal.

Marco representa la otra parte. Junto a su esposa y su hija pequeña, son los que abren sus puertas a la necesidad urgente de algún pequeño. Se estrenaron con un bebé, sólo durante unos meses, y después una niña de sólo 2 años puso patas arriba su casa y sus vidas, encantados, desbordantes de amor, aun sabiendo que era cuestión sólo de seis meses que estuviera con ellos.

Tuve la suerte, el privilegio, de conocer a Cati y a Marco hace cinco años, y que compartieran sus historias conmigo para poder contarlo. Todavía suelo recordarles y emocionarme con la franqueza y el amor con que afrontaban sus vidas. Una generosidad infinita de la que tanto podemos aprender.

Hoy es 15 de mayo, Día Internacional de la Familia, que nos recuerda la importancia que tiene para los niños crecer en un hogar con quienes les quieran, les cuiden y estén a su lado cada día. Y eso es en lo que trabaja Alcores en Huelva, encomendados por la Junta de Andalucía, al gestionar el acogimiento familiar temporal para esos niños que no tienen esa opción con sus padres biológicos, como Cati y su hermana, o los pequeños que acogió Marco. No son adopciones pero estas acogidas son vitales para el desarrollo de los más pequeños que acabaron en una situación de desamparo.

Marco, al final de nuestro encuentro, me hacía una confesión personal: "Mi padre se desentendió de mi y mi madre me crió sola dándolo todo. No sentí la falta de un padre porque sentí el amor de la gente a mi alrededor. Amor. Punto. Es lo que necesitan estos niños". Asociación Alcores, conózcanla. Y colaboren si tienen oportunidad.

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