Javier Ronchel

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Esos héroes de amarillo

Cualquier cosa parece poca para una gente que se juega la vida en cada salida, que no es frase hecha, por desgracia

La fuerte tromba de agua que cayó el 23 de septiembre dejó mucha destrucción y dolor en la costa de Huelva. Demasiado dolor y pérdidas, no sólo económicas, de las que costará recuperarse. Y aún así, la atención a la emergencia fue tan rápida como la ola de solidaridad generada. Mucha ayuda a todos los niveles, incluida la que han prestado los trabajadores del Infoca.

Acostumbrados a lidiar con un escenario extremo muy distinto a éste, varias dotaciones del servicio andaluz de extinción de incendios forestales se movilizaron desde distintos puntos de la provincia para ayudar en las tareas de evacuación de agua y limpieza en Cartaya, Lepe e Isla Cristina, en La Antilla y El Rompido. Por allí se han llevado siete días para devolver a un estado digno a garajes y vías públicas afectados por la catástrofe.

Y puede que ese despliegue del Infoca en las inundaciones haya pasado más desapercibido de lo que debería. Quizá, también, porque creo que la labor que hace este cuerpo nunca está suficientemente valorada o reconocida.

Cualquier cosa parece poca para una gente que se juega la vida en cada salida. No es frase hecha, por desgracia, porque no son pocas las bajas que acumulan tras años de servicio. Como la de Carlos, el bombero de Almería que falleció en ese terrible incendio de Jubrique, el peor de la temporada desde el momento en que se llevó la vida por delante de un hombre que se entregó hasta el final, como todos sus compañeros.

Porque esto es para ellos más que un trabajo. Se nota una implicación personal como en pocos se observa. De ahí salen horas y horas de lucha literal contra las llamas hasta la extenuación, apenas durmiendo en cualquier sitio para volver a la carga a costa del sufrimiento de sus familias, que, seguro, nunca terminarán de acostumbrarse a esas sensaciones encontradas de orgullo y miedo al verles jugársela en primera línea.

Además de los de batas blancas y verdes en tiempos de Covid, en nuestros bosques andaluces tenemos unos héroes que visten de amarillo. Tampoco estaría mal salir al balcón a aplaudirles o entregarles un premio. Pero a lo mejor basta con tenerles siempre presentes, y con ser conscientes y responsables, para que nuestras imprudencias no pongan en riesgo sus vidas. Respetemos su trabajo y transmitámosles nuestro agradecimiento sincero cuando podamos. No por ese último fuego apagado al lado de casa, sino por estar ahí siempre. Con ellos (con vosotros) nos sentimos más seguros.

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