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Algo no se habrá hecho bien

En política, con frecuencia, se quebranta la verdad, se recurre a lo verosímil, se chulea y se miente

Nos gusta conocer las razones por las cuales algo sucede o se ha llegado a una determinada situación pero, obviamente, no somos por completo coincidentes en las formulaciones que realizamos. No obstante, siendo esto así es posible detectar tendencias a nivel personal o social. Están los que suelen atribuir las causas de lo que sea a lo externo; otros, a lo interno y, algunos, a la suerte o al azar. Pues bien, ¿qué puede decirse al respecto de la situación política española? Pues que todo el mundo se sacude responsabilidades de que se vaya a unas nuevas elecciones y se las endilga a los demás. Seguro que los líderes y los partidos intentarán por todos los medios de aquí al 10 de noviembre convencernos de que la culpa de la repetición de los comicios la tienen sus adversarios. Nada extraña la estrategia. Cada cual barrerá para su casa sin admitir sus fallos, errores o falacias que nos han contado y, no digamos, sin disculparse o pedir perdón por no haber llegado a una investidura que permitiera la formación de un Gobierno. En realidad esto no nos llama la atención porque estamos acostumbrados al continuado espectáculo teatral del mundo político, en el que, con frecuencia, por parte de más de uno de los que lo integran, se quebranta la verdad, se recurre a lo verosímil, se chulea y se miente sin decoro. Sin embargo, produce una cierta sorpresa el que desde la ciudadanía las atribuciones también se hagan radicalmente desde esa perspectiva externa, generalizando la culpa siempre a los políticos, como algo ajeno a ella, como si estos vinieran de otros planetas o hubiesen sido colocados en las instituciones por una mano invisible que mueve fichas como si se tratara de una partida de ajedrez. En una democracia son los ciudadanos los que eligen a sus representantes. Por tanto, alguna responsabilidad tendremos en los resultados. Pero se puede profundizar un poco más: las creencias políticas; los modos, estilos, comportamientos y funcionamiento; los objetivos; la moralidad y principios éticos asumidos; la disposición hacia el pactismo en bien de la comunidad y un largo etcétera de esos delegados de la voluntad popular no surgen de la nada sino que proceden y se cultivan dentro de una sociedad concreta, a la que se pertenece, en la que se incide de muy diversas formas, sutil o explícitamente, con nuestras interacciones, posturas y manifestaciones. Así que si estamos como estamos y nos quejamos como nos quejamos, algo no habremos hecho bien todos, cada cual en su medida.

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