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Ojo de pez

Pablo Bujalance

pbujalance@malagahoy.es

El hartazgo

El separatismo tiene el trabajo hecho mientras el Gobierno haga el ridículo y la derecha tire al plato sentimental

Quienes concluyen a tenor de las recientes elecciones andaluzas que la sociedad española está en su mayoría harta de separatismos pueden incurrir en una lectura superficial o incompleta, pero no exenta de acierto. Es razonable que una agenda política intervenida día sí y día también por quienes aspiran a socavar y erosionar la imagen de España termine cansando a quienes asumen otros horizontes. Pero si encima esta omnipresencia se gestiona mal por quienes representan a todos, y más aún por quienes mantienen funciones de gobierno, pueden ocurrir cosas como la manifestación de ayer y aún otras más preocupantes. Difícilmente podría haber lidiado peor Pedro Sánchez con este asunto, hasta el punto de degradar a las instituciones del Estado a cuenta del relator de las narices; la retirada posterior, tardía, a destiempo y mal explicada, sirvió en bandeja a los separatistas la posibilidad de presentarse como adalides del debate democrático frente al plantón del Gobierno, y ya hay que ser torpe para que el lobo gane razones a la hora de hacerse pasar por Caperucita. Mientras tanto, la derecha, más preocupada por lo suyo, insufló a Sánchez el oxígeno necesario para aguantar un poco más con una manifestación de pataleta infantil sin un discurso que tomarse en serio.

Porque mientras el Gobierno continúe metiéndose en todos los charcos posibles con plena disposición a hacer el ridículo, y mientras la derecha se dedique a tirar al plato sentimental a base de nacionalismo primario, puede decirse que los separatistas, con su particular nacionalismo vergonzante y excluyente, tienen el trabajo hecho. La cuestión se resolvió mal en la Transición cuando se confió demasiado en que a los apóstoles de la insolidaridad no se les ocurriría ir demasiado lejos, seguramente porque todo el mundo estaba más pendiente primero de la desintegración del PC y luego de la carnicería de ETA, que contribuyó de manera inestimable a que los separatistas pasaran a ojos de la sociedad española como aliados insustituibles, garantes del Estado de Derecho y hombres del año. En todo caso, cabe confirmar que España no ha sido capaz de resolver este problema y que ya no va a ser capaz de hacerlo. Así que habrá que resignarse, me temo, a vivir en esta especie de familia mal avenida en la que una parte no deja de echar tierra encima a la otra, porque se lo pide el cuerpo. Es lo que hay.

Eso sí, siempre tendremos momentos como el del Aitor Esteban aireando el pasado inquisidor del Estado Español en las redes. Como si en Euskadi nadie expulsara a un judío. La paguita nos sale cara, pero qué risa.

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