Si es que cuando nos da por algo… Las videollamadas o videoconferencias son una herramienta muy útil que nos brinda beneficios que todos conocemos. Entre otros, facilita el trabajo colaborativo entre personas geográficamente distantes. Ya sea en el ámbito profesional, en el educativo o en el personal y familiar las videollamadas se han vuelto imprescindibles. Nos acercan unos a otros y eliminan las barreras físicas que nos separan. Eso está genial. Pero que haya venido el fatídico año 2020 para enseñárnoslo… Ya nos vale.

Esta tecnología de comunicación de audio y vídeo comenzó a desarrollarse allá por la época de la invención del televisor. Esto lo he tenido que buscar en la Wikipedia, sí. En cualquier caso, no nos vayamos tan lejos. El primer recuerdo que tengo de este tipo de comunicación me lleva a la década del 2000, cuando para hacer una videollamada tenías que comprarte una webcam porque el monitor de tu ordenador no la tenía incorporada, cuando para conectarte a internet tenías que gritar desde la habitación "mamá, ¿puedes hablar por teléfono con la tita más tarde? Que me voy a conectar a internet", y cuando empezó a sonar una aplicación que los millenials como yo recordamos ahora con nostalgia: "el Messenger". Allí te esperaban tus amigos con los nicks más creativos del mundo: DiAbLiTa89 y Se-MaQuiNavaJa. También estaba iChat, que era una maravilla pero solo estaba disponible en ordenares Mac. ¿Que no tenías un Mac? Ah vaya, lo siento. Nótese ese aire condescendiente que nos caracteriza a los usuarios de Apple. Yo no soy así. Respeto que puedas tener el dispositivo que te dé la gana. Faltaría más. Pero Apple es Dios. No te voy a contar toda la historia de las videoconferencias. Así que metiéndole el turbo a esta línea temporal imaginaria nos encontramos con la aparición de más y más soluciones a medida que mejoraban las conexiones a internet y que entraba en escena el smartphone. ¿Algunos ejemplos? Skype (el clásico de los clásicos), Hangouts, FaceTime, o uno de los más populares en la actualidad: Zoom, quien pasó de tener 10 millones de usuarios activos en 2019 a más de 300 a finales de abril de 2020. OMG. Y llegó el coronavirus, el confinamiento y el teletrabajo. El detonante definitivo para que esta última aplicación (Zoom) llegara a tener un valor en bolsa de casi 50 mil millones de dólares. ¡Pero cuántos ceros lleva esa cifra! No sé. Muchos. Así que gran parte de nuestro día a día se ha empezado a llenar de videollamadas: con nuestro jefe, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestras madres, con clientes… He llegado a tener una media de 5 videollamadas diarias. En gran parte de los casos está justificado su uso. Pero, ¿de verdad hay que montar una videoconferencia hasta para dar los buenos días? Que si el micro no va, que si no te veo, ¿estás ahí? Una llamada sin vídeo, de esas rápidas y concisas. Eso es gloria bendita. Eso es lo que quiero yo en mi vida. Dejadme tranquilo. Qué tirria ("ritia" en el caso de Christofer de la Isla de las tentaciones) le estoy cogiendo. Si es que cuando nos da por algo…

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