Javier Ronchel

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El futuro de Huelva ya ha empezado

El cambio de año nos devuelve ese ejercicio anual de fijar nuevos propósitos y retos que abordar en los próximos doce meses. No necesariamente deben ser nuevos: podemos recuperar aquellos que no se han alcanzado, quizá con el aprendizaje del fracaso en los intentos previos y el refuerzo de una voluntad que crece ante la adversidad establecida. En esas nos encontramos en Huelva, provincia estancada hace décadas por necesidades desatendidas y demandas cristalizadas en lamentos. Pero no se puede seguir echando la vista atrás. Este 2022 es el primero de nuestro futuro, con doce meses por delante en los que centrarnos y marcar el rumbo hacia el lugar al que queremos llegar.

En ese ánimo de apuntar hacia adelante, hay algo que está cambiando. Hay voluntad de acción. A mediados de diciembre hubo una movilización en las redes sociales en demanda de inversiones e infraestructuras, piedra angular para el avance de esta tierra. Más allá de su repercusión queda el intento. Ahora el año empieza con una referencia en el calendario, el 4 de marzo, día en el que se ha convocado una manifestación con una sola voz entre colectivos ciudadanos y sociales. No es la primera movilización y tampoco será la última. Hacen falta varias muestras públicas de que la demanda es general y única en toda la sociedad. Unidad y razón de ser, que empieza en nosotros mismos, los propios onubenses, convencidos todos de que nos toca ser parte activa del proceso de definición de nuestro futuro. En nosotros está el poder de convencer a quienes tienen los recursos de que esta provincia es en sí misma una oportunidad. Siempre inconformistas, sin frenos propios, fijando nuevos objetivos tras cada meta alcanzada.

Este año será especial también porque hay elecciones a la vuelta de la esquina. Este y el que viene serán claves para gobiernos en todos los ámbitos. Y la clase política volverá a dirigirse a la ciudadanía, sus potenciales votantes, seguramente con discursos ya conocidos, repletos de esas promesas que han formado durante años la desilusión de más de medio millón de onubenses que siguen a la cola de Andalucía y de España, sin necesidades básicas cubiertas, sin atenciones mínimas que les equiparen a otros iguales, ignorando su teórica condición privilegiada de provincia costera y fronteriza, y condenándola a hundirse un poco más en las estadísticas del desempleo y la precariedad.

Por eso debe ser Huelva y su gente las que afronten la nueva oportunidad que se presenta en este 2022. Suyo debe ser el paso necesario para que se les empiece a oír y se entienda que son parte del avance de este país. Su futuro, el nuestro, ya ha empezado.

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