Arias breves

Por fin

A mí también me gustaría un día gritar por fin cuando la diputada Montero defienda a todas las mujeres

Cuando el 13 de noviembre de 2002 al petrolero Prestige le reventaron las costuras frente a las costas de Galicia comenzó uno de los capítulos más vergonzantes del periodismo español. Durante días, en sesiones de mañana y tarde, se conectaba con los enviados a las costas gallegas para saber por dónde andaba el chapapote. Había impaciencia porque llegara pronto no fuera a desviarse de la ruta prevista y no alcanzara las costas españolas. En ese caso la noticia se reducía a la mitad de la mitad y no se podría utilizar como arma política por la acorazada mediática autodenominada progresista. Prensa, radio y televisión, sectaria y dueña de la comunicación en España, vieron un filón en aquel desastre naviero y se apresuraban a explotarlo. Más llegó el día y llegó el chapapote y allí estaba la periodista Ángeles Barceló, con botas de agua y chubasquero manchados de petróleo, para gritar en directo: "Por fin llega el chapapote a la costa". Esto forma ya parte de los anales del periodismo sectario.

Y miren por dónde en estos días se repite el espectáculo de bochorno y ridículo. Cuando ha salido el fallo, que no la sentencia, sobre los repugnantes sucesos protagonizados por la famosa Manada en Pamplona, la diputada Irene Montero ha exclamado: "Por fin se ha hecho justicia". O lo que es lo mismo: por fin ha salido lo que yo quería que saliese. Sonroja escuchar esto en labios de una diputada que parece ignorar que en este caso, como en todo los que van desde el Juzgado de Instrucción hasta el Supremo, se ha estado haciendo justicia desde el principio. Hizo justicia el juez que instruyó el caso acorde con el ordenamiento jurídico vigente. Hizo justicia la Audiencia de Pamplona celebrando un juicio impecable con sentencia incluida. Hizo justicia el Tribunal Superior de Navarra resolviendo el recurso y ahora ha hecho justicia el Tribunal Supremo. Y harán justicia el Tribunal Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos porque hasta allí van a llegar los recursos sin ninguna duda. A mí también me gustaría un día gritar por fin cuando el feminismo sectario y supremacista de la diputada Montero defienda a todas las mujeres y no solo a las de su cuerda. Cuando defienda a las novias de los agredidos guardias civiles de Alsasua, cuando defienda a las diputadas Arrimadas, embarazada, y Álvarez de Toledo acosadas por el nazismo independentista, cuando defienda a la niña pateada por una profesora nazistoide en Tarrasa por pintar una bandera de España o cuando condene a las madres secuestradoras de la secta Infancia Libre, que tan bien conoce. Entonces yo también gritaré por fin.

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