Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Los feministas lo hacen mejor

Preso del síndrome del permiso paternal, Pablo suelta la tontería del año hasta el momento

Cualquier político asegurará que fue la vocación de servicio público lo que le llevó a meterse en un partido. Pero otras vocaciones, la de poder y la de forrarse, también son motivadores dignos de tener en cuenta, y decenas de imputados y de presos condenados por corrupción así lo constatan. Hay otros estímulos más sutiles, pero nada desdeñables: uno de ellos es la vanidad, o sus primos el narcisismo y la egolatría. Desde los tiempos escolares, pero sobre todo en los universitarios, son identificables estas personas y su perfil vocacional: descartar el afán de poder, los manejos para sacar rédito personal de la cosa pública y el figureo como motor de una carrera política resulta de una ingenuidad conmovedora. El necesitado de foco por sus complejos o por pura petulancia -patente desde el plumier hasta el campus y más allá- tiene en la política un medio natural para satisfacer esas necesidades o carencias: Aznar despedía un cierto tufo de complejo (tanta tableta abdominal, canta), un rasgo que yo diría que comparte Pedro Sánchez cuando repite como un loro la jaculatoria: "Soy el presidente del Gobierno". Resulta algo patético… aunque sin llegar al nivel de ese individuo que arrasa en las redes que, casi más solemne que el presidente, dice a la cámara: "Mira la magia de mi melena". Y después, hablando de melena e incontinente en su vis de prima donna, tenemos a Pablo Iglesias. Un campeón del ramo.

El líder de Podemos, quizá por el relativo aislamiento del retiro por la baja paternal, nos ha regalado una de las suyas: "Los hombres feministas follan [follamos] mejor". Éstas son deducciones de un empirismo fullero que se le toleran mejor a la progresía que a la carcunda. Si uno del extremo opuesto a Iglesias osara identificar qué categoría de hombre "folla mejor", le cae la mundial: "fascista", "cavernario", "heteropatricarcalista" (de mierda) y cosas peores (proponemos un neologismo alternativo para atizar al derechón poco o nada feminista: heterofollarca, con resonancia a jerarca. Lo de jerarca es que suena mucho a bota de dictador militar). Debemos deducir que Pablo se tiene por un maestro del orgasmo: "Mira la magia de mi melena, mujer, y siente cómo mi compromiso con tu causa de género te provocará múltiples espasmos de placer. Cuidado no te desmayes, muñeca". Feminista, y por tanto atleta en el lecho, qué cosa más turbadora. Y, lo peor, cuán sintomático no ya de engreimiento y fatuidad, que también, sino de cómo la política superficial y artificiosa se impone en pleno siglo XXI a las necesidades de las personas.

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