Ansia viva

Óscar Lezameta

olezameta@huelvainformacion.es

¡Por favor, confínelos!

Cinco minutos después de abrir las puertas a la peña se le olvidaron los miles de muertos de hace un rato

La verdad es que el confinamiento lo llevé ni tan mal. Fui de aquellos que tuvimos que hacer el mismo camino que cuando el mundo era normal, para atender mis tareas en la redacción, que básicamente consistieron en encender uno a uno todos los ordenadores del personal que, misteriosamente, se apagaban de cuando en cuando y hablar con Lola, nuestro ángel de la guardia que nos dejaba las mesas como los chorros del oro. Vale, también trabajaba, pero eso ya lo hago de normal.

Lo digo porque entiendo que el personal estaba hasta los peceerres de estar en su casa escuchando Resistiré (por cierto, ¿qué ha sido de esos dos, siguen entre nosotros?) a eso de las ocho de la tarde echando las palmas. También comprendo las ganas de desfogue que teníamos todos, porque la cerveza en casa no sabe igual y porque somos como somos, animales sociales que nos gusta quedar con familia y amigos para compartir nuestras grandes miserias. Lo que me resulta más complicado de entender es la capacidad de la que goza el personal para olvidarse de lo jodío que lo hemos pasado a los cinco minutos de abrirse las puertas. Tíos, que se han muerto a chorros, que hemos llegado a tener casi mil muertos diarios, que los hospitales de Huelva han estado a punto de colapsar varias veces, que hay personas en coma inducido en las UCI entubados durante días porque se les iba la vida.

Hace un par de días, leí que en una discoteca de no recuerdo dónde, además de pagar la entrada y el sablazo correspondiente cada vez que te acercabas a la barra, te solicitaban el número de teléfono por si tenían que contactar contigo si alguien había dado positivo. Poco antes, manifestaciones pedían su derecho a ir a los toros y en una plataforma digital, solicitaban a las autoridades que les permitieran sacar un santo para hacer una procesión como dios manda, con costaleros apiñados y miles de personas en la calle. Una duda: ¿de verdad que no podemos pasarnos sin esas cosas durante un tiempo? ¿Tan importantes son como para echar por tierra todo lo que hemos pasado estos meses? ¿Somos tan inconscientes que nos da igual todo? ¿No podemos sacar a relucir, aunque sólo sean cinco minutos, un pelín de sentido común? Lo único que le quiero pedir al doctor Simón es que no tenga miramientos, que a algunos, lo que de verdad les funciona es estar confinados. Aunque mejor lo que decía el otro, mucho mejor confitados, así a fuego lento.

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