Anotaciones al margen

La falta de racionalidad

No somos máquinas sino seres vivientes complejos pero imperfectos

A style="text-transform:uppercase">YER fue el Día Mundial del Sida y como era de esperar hubo noticias y comentarios al respecto. Por supuesto, no faltaron los datos del problema. Los afectados son muchos pero como cada año, se repara en algo especialmente: en 2015 hubo nada menos que 2,1 millones de nuevas infecciones. Es una cifra que llama la atención y que ante ella surge la pregunta obvia de cómo pueden darse esos nuevos casos cuando, prácticamente, no hay quien no conozca la gravedad y las formas de transmisión. Pues no se crean que es tan difícil encontrar explicaciones, por la sencilla razón de que muchos de los motivos que explican el fenómeno nos acompañan en innumerables circunstancias muy diversas. Uno de ellos sería el que podría denominarse el mito de la racionalidad humana. Mucha gente cree que las personas a la hora de elegir entre algo bueno o algo malo, con toda seguridad optarán por lo primero. No es así y ahí está el mito. Una gran cantidad de nuestras decisiones y comportamientos, en lo cotidiano y en momentos claves, poseen una carga -a veces, muy grande- de irracionalidad. Por ejemplo, ¿acaso nos emparejamos siempre con la persona más idónea de entre las posibles? Y si nos vamos a lo político, ¿todo el mundo vota con cabeza para que salga lo mejor? La respuesta es un rotundo no. Pero hay más en este terreno, ¿es racional que tras la muerte de Fidel Castro haya quienes han manifestado que es todo un referente positivo, cuando lo que hizo fue implantar en Cuba un sistema carente de libertades y derechos, y universalizó la pobreza salvo para los arrimados al régimen? ¿No escarmientan en cabeza ajena? Pues bien, en esa línea se han pronunciado los de Unidos Podemos, vía Pablo Iglesias y Alberto Garzón.

Qué duda cabe que con lo anterior no se agotan los motivos. Otro más sería el del optimismo irrealista, en el sentido de considerarse que no se es vulnerable, que lo malo le ocurre a los demás y que se tiene capacidad para evitar determinadas consecuencias. Un ejemplo sería el de los que conducen bajo los efectos del alcohol o drogas creyéndose que ellos pueden neutralizar el riesgo. Es similar a la postura que toman algunos políticos viéndose encarnados en salvadores mesiánicos, como si ellos pudieran con todo, como Tsipras e Iglesias. Por tanto, no hay nada de extraño en que también estén presentes las conductas irracionales y el optimismo no realista en la transmisión del VIH; al fin y al cabo no somos máquinas sino seres vivientes complejos pero imperfectos.

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