Sucesos Un fuego calcina varios coches en mitad de un camino en Lepe

Una de espías

Parte de los ultranacionalistas jaqueados están huidos de la Justicia; otros se han reunido con el entorno de Putin

Anda el ultranacionalismo catalán escenificando una mártir indignación, ofendido porque han espiado a 63 soberanistas, incluidos los últimos cuatro presidentes de la Generalitat. El independentismo, en horas bajas, se rearma con el jaqueo a sus teléfonos móviles del que acusa a su odiado estado español. Todo ultranacionalismo, ya sea catalán, trumpista, lepenista o putinista, se basa en dos pilares; el primero es el victimismo. Nunca se les trata con el debido respeto; siempre tienen motivos para lamentar una persecución. La segunda premisa es la superioridad cultural, económica y moral sobre sus semejantes, lo que eleva cualquier desaire a la categoría de afrenta infinita.

Conocemos este espionaje por el artículo de una revista seria, The New Yorker. Su autor es Ronan Farrow, famoso por partida doble: ganó un Pulitzer por sus reportajes sobre los atropellos sexuales de Harvey Weinstein y es célebre por ponerse de parte de su madre, en las acusaciones de Mia Farrow contra Woody Allen de haber abusado de su hermana Dylan. Las pesquisas del pirateo telefónico no han sido espontáneas. Uno de los jefes del independentismo encargó un análisis de su teléfono móvil a otro soberanista catalán vinculado a un laboratorio tecnológico de la Universidad de Toronto.

La conclusión del estudio es que seis decenas de políticos catalanes habrían sido espiados con el programa israelí Pegasus, que oficialmente sólo se vende a servicios de inteligencia oficiales. Siempre me pregunto qué garantía hay en un mercado tan oscuro de que sólo se venda a gobiernos ese programa. En todo caso, el nacionalismo catalán acusa al estado opresor de espiarle. Y el Gobierno, que depende de los votos de ERC, las está pasando canutas y tira balones fuera con manifiesta incomodidad.

Lo que no cuentan los indignados nacionalistas es que una parte de los espiados son huidos de la Justicia, acusados de conspiración contra el estado, por haber convocado un referéndum ilegal, violado la Constitución o el Estatut y declarado la independencia de Cataluña. Y que entre los jaqueados hay colaboradores directos de Puigdemont que han tenido durante años contactos en Barcelona, Ginebra y Moscú con el entorno de Putin. No parece que los servicios secretos españoles deban descuidar amenazas objetivas de sedición y de una potencia nuclear empeñada en desestabilizar Europa.

Hay evidencias de que hackers rusos ayudaron a Trump o al Brexit en 2016 y a Puigdemont en 2017. Si al CNI lo han pillado espiando a soberanistas catalanes, el Gobierno debe explicarlo. A ver cómo lo hace.

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