Visiones desde el Sur

Lo esencial

En esta época de abundancia de información el problema radica en encontrar lo que es esencial

La literatura como concepto, como abstracción, como instrumento de transmisión de ideas, como aporte de conocimiento necesario, como arnés en donde amoldar las enseñanzas adquiridas, ya sean reales o ficticias, no entiende de países ni de razas -salvado el idioma-. La literatura es solo eso, literatura, arte, y da igual en la lengua que se escriba como en el soporte que se edite.

Escribía Hans Magnus Enzensberger en El evangelio digital "que la alfabetización fue una amenaza para el privilegio de estar informados que detentaban los sabios y los ilustrados, y cada uno de los nuevos medios ponía en peligro a los ojos de la autoridad la moral de los súbditos". Nada ha cambiado desde que el ensayista alemán dijera la tal cosa, excepto que los medios utilizados por el poder para engatusarnos se han multiplicado hasta el infinito.

El desarrollo telemático nos ha convertido en potenciales receptores de tal nivel de información, que nadie, y reitero, nadie, podrá leer en toda su vida lo que se escribe en un segundo en los distintos soportes, ya sean en papel o digitales.

Una barbaridad impensable con la que Gutenberg se hubiera vuelto loco de inmediato, después de haber inventado el hombre aquel artefacto al que llamó imprenta, y que, para colmo de males, supuso su ruina económica.

En esta época de abundancia de información, el problema radica en encontrar lo que es esencial en el pajar de nimiedades que se publicita por un lado, y en detectar lo verdadero de lo falso por otro; o sea, lo que se escribe para confundirnos.

No hay corporación, industria, país o gobierno, incluso persona con responsabilidades públicas, que no realice un chequeo en la Red introduciendo dos o tres palabras claves y, al instante, la bola de cristal del ordenador le facilitará millones de entradas sobre la materia que desea controlar y, en su caso, contrarrestar.

El número de empresas dedicadas al marketing (es decir, a predecir cuáles serán los comportamientos de los mercados y de los consumidores, y tanto usted como yo somos consumidores) es tan alto y sus facturaciones económicas tan elevadas, que, si uno lo piensa con detenimiento, dan ganas de dedicarse a la vida contemplativa y a elucubrar sobre el sexo de los ángeles, porque todo lo demás está manipulado.

La ficción -y no me he vuelto loco- aporta una imagen más nítida y precisa que la realidad misma. Pero esto no es nuevo, Cervantes ya sabía que la grandeza estaba en Don Quijote y no en Sancho.

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