Estados Unidos es a día de hoy la principal economía del mundo y por tanto referente, nos guste o no, para el resto de países. Lo que pase en Estados Unidos afecta con mayor o menor impacto en el resto de economías del planeta, lo que implica que los acontecimiento generados por el presidente saliente al no aceptar el resultado electoral puede traer consecuencias insospechadas.

Donald Trump es lo que en España se conoce popularmente como un boca chancla y sus manifestaciones, a modo de rabieta de mal perdedor no caen en saco roto en una sociedad cada vez más dividida, su discurso populista, que visto desde la distancia puede parecer cómico tiene consecuencias impredecibles no solo para la sociedad americana.

No es lo mismo que en un país como España, de fácil repuesto en el contexto económico mundial, partidos populistas organicen un asalto al congreso y cuestionen el sistema democrático que esto se realice en la democracia más consolidada del mundo.

El mensaje catastrofista de que la entrada en la Casa Blanca de los demócratas supondrá poco menos que el final de la hegemonía mundial norteamericana se desmonta analizando su recorrido como país, para comprobar que en la historia de su democracia han gobernado 16 presidentes demócratas frente a 19 republicanos, la lectura de esto es que la depurada democracia americana simplemente ha decidido, que la mayoría de sus ciudadanos prefieren un cambio de gobierno, y si los demócratas lo hacen mal en las próximas elecciones volverán a gobernar los republicanos, como ha venido sucediendo históricamente, porque precisamente de eso trata la democracia.

Cuando decides participar en un proceso democrático ya conoces las reglas del juego, por eso Trump se equivoca gravemente cuestionando el funcionamiento de su propio país, rebajándolo a república bananera, mientras el resto del mundo solo puede mirar desde la barrera el espectáculo y ver como se está generando un monstruo que lamentablemente conocemos muy bien en España, la división de la sociedad civil en dos bandos que se odian por el simple hecho de pensar distinto. Donde se mira con recelo a tu vecino hasta saber si es de los tuyos, si piensa como tú, sin tener en cuenta si es o no una buena persona y todo esto en un país donde está permitido tener armas de fuego en casa, donde conviven blancos, negros, hispanos, asiáticos y una multitud de otras minorías. Un país al que todo el mundo critica y cuestiona pero al que miles de persona de todas las razas y nacionalidades aspiran a integrarse en su american way of life.

Lo cierto es que Trump se equivoca tensando esta cuerda y enviando un mensaje en el que los espectadores solo pueden pensar, si eso pasa en Estados Unidos qué puede pasar en países con democracias menos consolidadas como España donde lo políticamente correcto parece consistir en que todo lo que se ha hecho en nuestra joven democracia hay que cambiarlo e importar modelos de otros países, sobre todo si hay quien piensa que nuestra referencia en lugar de Estados Unidos debe ser Venezuela.

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