La ciudad que los romanos llamaron Anticaria poseía credenciales sobradas para ser la capital de Andalucía cuando con la democracia llegó a España el Estado de las Autonomías, aunque perdiera esta batalla frente a la poderosa Sevilla. De otra forma, habría seguido la vía de Mérida en Extremadura, de Santiago de Compostela en Galicia o, más allá de nuestras fronteras, Bonn en Alemania o Washington en Estados Unidos. Aquella opción no se hizo realidad, pero nadie le quita a esta ciudad su privilegiada situación en el centro de la comunidad; su posición estratégica en el cruce de las carreteras que unen las cuatro principales ciudades andaluzas -Málaga / Córdoba y Sevilla / Granada-; su pasado varias veces milenario del que es testimonio su conjunto dolménico, declarado por la Unesco Patrimonio Mundial de la Humanidad, o el capricho natural de parajes tan singulares como El Torcal.

Las instituciones públicas y la iniciativa privada han adaptado una serie de espacios, en ocasiones edificios históricos, para poner en valor los valores antequeranos. Así podemos encontrar entre otros varios, el Museo del Aceite o un originalísimo Museo del Trompo, con toda la variedad imaginable de trompos, peonzas y perinolas. Destacan dos excelentes instalaciones, el Museo de la Ciudad de Antequera, gestionado por el Ayuntamiento, y el MAD, Museo de Arte de la Diputación. Este último, además de sus fondos propios, presenta exposiciones temporales que ofrecen a los visitantes una muy estimable visión del arte contemporáneo.

El motivo de traer aquí el ejemplo de Antequera (40.000 habitantes frente a los 150.000 de Huelva) es insistir en que las evidentes bazas de Huelva -historia, arte, gastronomía, etc.- pueden ser, debidamente presentadas, un arma excelente para su necesaria revalorización turística, además del valor intrínseco de la cultura como alimento del espíritu. En esta línea hay señales esperanzadoras: la apertura de la Sala de la Provincia, de la Diputación; el interés del Ayuntamiento en buscar acomodo al arte de Caballero y de Vázquez Díaz; la adecuación del Banco de España a Museo Arqueológico, con la consiguiente liberación de espacios en el viejo Museo, así como el hecho de que la Consejería de Cultura vuelva a permitir las exposiciones temporales en las salas más amplias del Museo, cerradas a ellas los dos últimos años. Confiemos en que la tendencia se afiance.

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