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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Para echar a correr

La autonomía no ha servido para reducir los enormes diferenciales de Andalucía con el resto de España

Produce pereza, mucha pereza, leer los argumentos con los que la Junta pretende justificar los pésimos resultados de la encuesta PISA que, una vez más, dibujan el fracaso de las políticas educativas que se están aplicando desde hace años en la región. Culpar a la Lomce, culpar a Rajoy -siempre el responsable es el otro-, no es otra cosa que esconder la cabeza y reconocer impotencia. Lo grave es que estamos hablando de educación o, lo que es lo mismo, del futuro de las generaciones que ahora se están formando. El informe PISA es la fotografía de una realidad; podrá tener un cierto grado de deformación, pero no hace sino confirmar una situación que se arrastra desde hace muchas décadas y que el autogobierno no sólo no ha sido capaz de revertir, sino ni tan siquiera de aminorar.

Andalucía, donde sería estúpido no reconocer que en los últimos años se han hecho muchas cosas bien, sigue teniendo la misma carencia de base que tenía a principios de los años ochenta del siglo pasado: un enorme desnivel con las medias de bienestar español y, no digamos, europeo. Hay una brecha que no se reduce y que se ve en las estadísticas de empleo, de renta o de producción industrial, por citar sólo algunos aspectos de una lista que se haría interminable. La tragedia de esta tierra es que no hay nada que permita adivinar que ese foso se vaya a ir cerrando. A pesar de lo que ha cambiado España y el mundo en los últimos cuarenta años, a pesar de las potencialidades que nos da nuestro clima o nuestra ubicación estratégica en un mundo globalizado. Seguimos a la cola y seguiremos a la cola.

Sería infantil achacar toda la responsabilidad de esta situación en exclusiva a la Junta o las políticas de un determinado partido político, en este caso el socialista. Se partía de una posición muy desfavorable y las condiciones que colocaron a Andalucía como la rezagada de España no se han modificado sustancialmente. Pero también sería absurdo no constatar que la autonomía política y los recursos que se han gastado en ello no ha servido para mucho en este aspecto. En la educación esto es algo que debe de encender todas las alarmas. La calidad de la formación que reciben nuestros jóvenes es la única base sobre la que se puede construir el progreso. No entenderlo así es no entender nada de lo que nos está pasando. Si además un problema como éste se analiza sin un mínimo de autocrítica es para echar a correr.

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