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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

Las derechas

Seguir en el poder cueste lo que cueste es una actitud muy conservadora

Las derechas. Así en plural. El presidente del Gobierno ha resucitado un trampantojo que ya formaba parte de la noche de los tiempos. Son otros los retos de esta sociedad, pero ese recurso es muy llevadero para los intereses a corto plazo y desde la pereza intelectual. Se dice las derechas y es como cuando el profesor de Filosofía en la Facultad de Sociología nos decía que ante cualquier duda soltáramos lo de la dialéctica, que actuaba como bálsamo conceptual.

Si yo contara el tiempo hacia atrás, una persona que tuviera mi edad actual el día que yo nací, para cumplir 61 años el 7 de mayo de 1957 tendría que hacer nacido en 1896. En ese mismo periodo, ese antiyó convexo, mi prehistoria, mi espejo habría vivido y sobrevivido a dos guerras mundiales y a una guerra civil, fatídico intermedio de entremeses sangrientos. La pérdida de las colonias la habría vivido en sus primeros años de vida y habría sido una bagatela. Mucho menos se perdió en Cuba y en Filipinas. La primera trajo otra guerra y con ella la invención del periodismo amarillo; la segunda nos dejó la épica de los últimos del sitio de Baler, con un nombre, el de Rogelio Vigil de Quiñones, sepultado en el olvido desde el día que cerró sus puertas el hospital que lleva su nombre.

Hago ese ejercicio para valorar todo lo que hemos conseguido quienes no pasamos por esa primera mitad del siglo XX sacudida por las guerras y las convulsiones, adormecidos justamente hace un siglo por el charleston y el espejismo benefactor de pensar que la primera guerra mundial sería la última, ajenos a los estragos de los nuevos totalitarismos y la hez de los nacionalismos cuyas secuelas son el hilo conductor de las memorias de Stefan Zweig, El mundo de ayer. Curiosamente, esos hijos de Leviatán repartían juego por todos los espectros ideológicos, a derecha e izquierda.

No son las derechas la hidra de la descomposición. Ésa es la típica coartada para seguir en el poder cueste lo que cueste, y esa actitud es muy conservadora en el sentido menos canovista de la palabra. Con aliados como los separatistas y el estalinismo tardío y bolivariano, es decir, bisnietos generacionales de quienes llevaron al precipicio a mi primo, el que cumplió 61 años el día que yo nací, con ecos de tonadilla.

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