El Zurriago

La ciudad de la burbuja de plástico

Tenemos una domus romana del siglo I bajo una tienda de ropa que, si atinas, puedes contemplar entre percha y percha

El chico de la burbuja de plástico es una película de finales de los setenta que causó sensación en su momento. El título no es que fuera el colmo de lo críptico: la peli, un telefilme de la ABC que años después fue la estrella del vídeo comunitario en España, va de un tipo con una enfermedad rara que se cría en una habitación protegido por… un plástico. Como digo, tuvo su momento, pero ya está. El único mérito de la peli, en realidad, es que el director, Randal Kleiser, quedó tan contento con el protagonista, un novato llamado John Travolta, que poco tiempo después le ofreció el papel de su vida (el de nuestras vidas) en otra película, Grease. Y con esto, amigos, ya estamos hablando de historia del cine.

La cosa (que ya estaba yéndome por los cerros de Úbeda) es que la peli en cuestión me vino a la cabeza hace unas semanas, cuando leí que al fin podrán ser visitados los restos de la que podría ser la primera muralla de la ciudad, que están en San Pedro y datan nada menos que del siglo III antes de Cristo. Así que estamos de enhorabuena, creo, porque podremos ver con nuestros ojos las murallas de la vieja Onuba. Eso sí, para hacerlo tendremos que entrar en un supermercado, mirar hacia abajo y tratar de hacerse una idea de cómo son viéndolas a través de un suelo de plástico transparente. Como el de la película.

Esto, que en cualquier ciudad del mundo parecería un chiste, en Huelva es lo habitual. Tenemos una domus romana del siglo I bajo una tienda de ropa que, si atinas, puedes contemplar entre percha y percha a través de un suelo de plástico que antaño fue transparente. Y, si todo sale conforme a lo planteado, uno de yacimientos tartessicos más importantes del mundo estará a disposición de todo el que se atreva a cruzar los infames muros de los edificios que ocuparán La Joya, que parece que se construirán sea como sea, a sangre y fuego aunque ni siquiera se sepa aún toda la Historia que hay allí abajo.

Un amigo, que de esto sabe mucho, describe Huelva como el Chernóbil de la Arqueología. No le quito ni una letra. Con esto del patrimonio de la provincia pasa como con los puentes del Odiel, el sifón y el otro, que como no se les conocen padre ni madre (un día son de la Junta, al otro de Diputación, a veces son de Aljaraque y otras del Puerto o de la capital) andan ahí, en un absurdo limbo, muriendo de inanición. Y como todo quisqui se lava las manos, la cosa nunca termina bien. Entre todos lo mataron y él solito se murió.

Mi padre decía que la diferencia entre Huelva y otras ciudades es que si allí descubren una mierda del siglo XV, le ponen un pedestal para que todo el mundo la vea y, sin embargo, aquí se tapa, no sea que huela. Claro que eso era antes, lo de taparla. Ahora la metemos en una burbuja de plástico, como a John Travolta.

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