Javier Ronchel

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El cine y nuestro amigo americano

El viernes vuelve el Festival de Cine a Huelva, el Iberoamericano, una de las enseñas culturales de esta provincia que resistió el embate de la crisis económica y ahora una pandemia. Regresa con público, tratando de dar normalidad recuperando un gesto cotidiano que parece en vías de extinción. Habrá espectadores en las salas de cine, en el Gran Teatro, proyecciones públicas, actos y homenajes con muchos invitados. Lo que siempre fue y ahora parece tan lejano.

La muestra se va a convertir así en una importante prueba para calibrar el estado de la acción cultural en Huelva. Es momento para saber si hay respuesta entre la población, si los miedos que ha dejado un año y medio de Covid pueden superarse, y, aún más importante, si los nuevos hábitos adquiridos con las medidas públicas de protección por el coronavirus no se convierten en una nueva forma de apatía que acabe con ese ritual social que siempre fue ir al cine a ver películas y pasar la tarde.

A este Festival de Huelva que se acerca ya los 50 años siempre le ha costado que los onubenses se involucraran plenamente y lo asumieran como propio, sobre todo en los tres últimos lustros, tras la desaparición de las últimas salas privadas en el centro de la ciudad. Ahora tiene una oportunidad para volver a tener la atención del público, sobre todo el más joven. Y a esa línea apunta con una programación que ha sabido virar hacia la emergente industria andaluza, que gana cada vez más peso en el país.

De Andalucía salen los dos premios Luz destinados estos años a valores en alza de nuestro cine y que pueden ser puerta de entrada para nuevos espectadores. El Ciudad de Huelva, la máxima distinción del Festival, se queda también en España pero para homenajear a uno de sus grandes cineastas y con mayor proyección internacional, Fernando Trueba, ganador del Oscar que en su día tuvieron también Buñuel, Garci y Almodóvar. Otro intento plausible por rescatar la atención de todos con un acto de gran altura que eleva también el peso de Huelva.

Pero la mirada a América nunca se debe perder. Hace unos días se celebraba en el auditorio de la Casa Colón el I Congreso Iberoamericano de Gastronomía, Binómico, que ha vuelto a tender ese puente tan necesario en el Atlántico con el continente americano. El éxito de la propuesta, celebrada, por lo acertado y necesario, por grandes maestros de la cocina a ambos lados del océano, confirma también que no hay que perder la perspectiva iberoamericana, tan propia de la identidad onubense. Aislados por tierra, siempre nos quedará el Atlántico para expandirnos fuera.

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