Sin duda alguna hablar de los cabezos es hablar de Huelva. Nuestra ciudad tiene dos soportes de vida y de historia, como dos columnas de Hércules que sostienen toda su tradición y belleza. Ellos son sin dudas de ninguna clase la ría y los cabezos.

¿Qué onubense que se precie de serlo y que ya ronde o esté en la tercera edad, no se enorgullece de sus andanzas y correrías de juventud por los variados y atractivos cabezos de la ciudad? Los jóvenes de aquella época ya lejana, teníamos como un "derecho de propiedad y uso" de nuestros cabezos. Era el terreno libre y apto para jugar, para extender nuestra fantasía aventurera y para sentirnos como descubridores de lugares especiales y llenos de curiosidad para nuestra calenturienta mente infantil.

Los cabezos en Huelva han sido y serán, si sabemos respetarlos y conservarlos, una cédula de identidad choquera, que guardan en su interior restos valiosísimos de nuestro pasado y que en un lenguaje taurino se nos presentan como monteras de ese traje de luces que viste nuestra querida Huelva.

Aplaudo, con todo entusiasmo, esa defensa que el Colegio de Arquitectos de Huelva hacía hace días en Huelva Información de los cabezos onubenses, como auténticos monumentos legendarios de esta tierra marinera, que siempre sirvieron de orilla y de puente de mando de esa eterna carabela que es nuestra ciudad.

Mis cabezos, por vivir junto a ellos, eran los que rodeaban la plaza de la Merced, la de Toros y San Pedro, sin olvidar los de la Horca y la Joya. En ellos libramos nuestras batallitas de un tiempo que no puede volver. En ellos aprendimos a amar su situación, sus leyendas y después las realidades de los descubrimientos arqueológicos.

Hace varias décadas escribí un libro titulado Los cabezos descubren su Historia que sirvió, en su intento, para dejar un testimonio de la valoración que le hacíamos en pro a un estudio más profundo, que felizmente después se hizo.

Muchas veces el corazón, que también sabe llorar sin lágrimas, se nos aprieta de nostalgia y pena cuando vemos que cada día muchos lugares de la ciudad, en zonas de cabezos, se van perdiendo en un paso a la modernidad urbana. Una pena. Las ciudades que no saben valorar, proteger y defender su ADN de origen, están condenadas a pasar al futuro sin esa gloria que Dios en la naturaleza le ofreció.

Romper lanzas por nuestros cabezos será siempre defender la imagen real de la ciudad y la belleza, que al menos para muchos onubenses continúa anidando en nuestros ya viejos corazones.

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