Visiones desde el Sur

Ni 'boutade' ni esperpento

España es como un recuerdo que se desvanece: aletazo de sueño irrecuperable

En el mundo que hollamos los ladrones tienen patente de corso. Los de guante blanco, claro está. Es más, algunas instancias pretenden que los definamos como personas honestas, como salvadoras de esta patria o de cualquier otra. Los ejemplos los pone usted, que hay muchos. La gestión de algunos políticos nos está hundiendo en la desgracia, pero, tal que los dioses antiguos, no se desprenderán de su imperium excepto por la fuerza de los madrigales que otorgan las armas o las urnas.

España es una flor que lleva años marchitándose, desde el comienzo de la crisis; si la comparamos con lo que era hace algo más de diez años, es como un recuerdo que se desvanece: aletazo de sueño irrecuperable.

Da la sensación de que un buen grupo de políticos son una panda de tontos pertinaces. Mientras cierta parca política acecha sin pestañeo las estructuras que hicieron posible los derechos inalienables, hasta ahora, de los seres humanos, los disputadores afines al mercadeo de lo ajeno se han atrincherado de tal forma y con tanto acierto, que las pobres acciones de contención que esgrimen algunos gobiernos son como nubes que pasan azotadas por el viento o como agua que escapa de entre el cuenco de unas manos que pretenden retenerla.

Muchos de los que nos administran se han convertido en palafreneros de los poderosos a los que se venden; en escupideras de los ricos en donde éstos mean de forma graciable y hasta con arte; en cojines donde se sientan los influyentes y allí por lo bajini se tiran cuantas pedorretas se les antojan.

Pero, coño, ¿es que todo el mundo ha perdido el sentido común? ¿Es que nadie puede parar este ventarrón ignominioso?

Y por acercarnos a lo nuestro, ¡qué lástima de generación perdida la de nuestros hijos! ¡Qué pena de España y de los españoles todos! ¡Qué desconcierto tan grande! ¡Qué pánico da lo por venir!

La degradación de lo que éramos es tal que no acertamos a conjeturar qué cosa seremos mañana. Cada día que transcurre es un tormento para muchos ciudadanos, un cúmulo de incertidumbres inexplicables ni siquiera por aquellos que están llamados a hacerlo. Esos que dijeron que llamarían al pan pan y al vino vino.

Nos están comiendo a cucharadas grandes, mezclados entre fideos mediatizados por el poder real, que no está en donde debiera sino en alguna multinacional que otra. Ahí tenemos la guerra comercial entre Norteamérica y China como ejemplo. Y esto no es una boutade ni un esperpento.

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