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¡Oh, Fabio!

Luis Sánchez-Moliní

lmolini@grupojoly.com

¿Habrá borrasca?

Una derecha a la gresca y un PSOE que crece en intención de voto. Este es el panorama con el que arranca la campaña

La derecha tenía fama de no dudar. Cuando llegaba la fiesta de la democracia se votaba al PP, gustase más o menos el candidato, sin fisuras. ¿O es que uno deja de ir a misa porque el párroco nuevo sea un pesado? Se votaba a la gaviota al igual que se hace vigilia los viernes de Cuaresma o se aguanta al cónyuge: por una mezcla de convicción y costumbre. Pero la duda -ese agente disolvente y liberador- ha llegado a los salones de la diestra con la intención de quedarse. Hay que escoger: o la paradójica mezcla de populismo wasp y tradicionalismo latino que propone Vox; o un PP que apela a la autoridad que le concede la historia como principal y aburrido argumento; o un Ciudadanos que ensaya una mezcla algo aturullada de patriotismo en lo político, liberalismo en lo económico y progresismo en lo social. Antes, en las comidas del domingo de la derecha no se discutía de política. Alguien decía: "váyase, señor González", y todo el mundo asentía y seguía dando cuenta de los huevos moles. Sin embargo, ahora, junto a la duda cartesiana ha llegado la hidra de la discordia. La magnitud de la tragedia la comprobaremos en estas elecciones.

Por contra, el voto de la izquierda, tal como se respira en la calle y se observa en las encuestas, tiende a unificarse en torno a un guapo misterioso que ha sabido convertir el desprecio de los demás en el combustible que lo ha llevado a un poder cada vez más asentado y duradero. Primero fue nómada por las carreteras de España, después okupa en la Moncloa y, ahora, si los hados le sonríen el 28 de abril, puede llegar a ser el hombre que inaugure un nuevo ciclo en la política española. Su única competencia en la parroquia de la siniestra es un Podemos que se ha enrocado en el tomismo izquierdista, incapaz ya de despertar curiosidad en los que nunca han tenido un póster del Che colgado en su cuarto (adios al proyecto de Errejón de una izquierda sin pamplinas izquierdistas).

Resumamos: una derecha a la gresca y un PSOE que crece, al menos, en intención de voto, aunque sin expectativas de mayoría absoluta. Este es el panorama con el que inauguramos una campaña electoral que se mezclará con las procesiones en la calle y la amenaza de unas isobaras casquivanas. Unos miran a las urnas y otros al cielo. ¿Habrá borrasca? Es lo emocionante de la primavera: la inestabilidad.

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