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La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

¿A los animales sí y a los fetos no?

¿Es coherente defender a la vez la vida de los animales, considerándolos iguales a los humanos, y el aborto?

Leo, con más miedo que preocupación, que cada día más gente cree que los animales importan tanto como los seres humanos. Esta igualación es un síntoma más del desquiciamiento de algo positivo: la lucha contra la crueldad con los animales, desde la erradicación de comportamientos crueles -los niños torturando perros y gatos o disparando con tirachinas a los pájaros- hasta el estricto control de las condiciones en las que nos servimos de ellos como fuente de alimento. Sobreviven en las puertas de algunos colegios sevillanos los hermosos azulejos colocados en 1925 por iniciativa del médico humanista y andalucista Antonio Ariza Camacho -asesinado en 1936 al igual que su amigo Blas Infante- en los que se lee: "Niños, no privéis de la libertad a los pájaros; no los martiricéis y no les destruyáis sus nidos. Dios premia a los niños que protegen a los pájaros, y la ley prohíbe que se les cace, se destruyan sus nidos y se les quiten las crías".

De esas luchas pioneras, históricamente encabezadas por las sociedades protectoras de animales y plantas, a hoy se ha avanzado mucho. Y debe avanzarse aún más. Pero no hasta el extremo de abolir las diferencias entre los humanos y los animales. Eso ya lo hicieron primero los científicos racistas y después los nazis aplicando el darwinismo a la sociedad. Ahora se trataría de lo idéntico contrario, es decir, no de considerar a los seres humanos como animales sino a los animales como seres humanos. Olvidando que el respeto a todas las formas de vida es uno de los muchos rasgos que diferencian a los humanos de los animales. Ninguna araña se apiada de la mosca, ningún felino perdona al herbívoro, ningún tiburón se ha convertido en vegetariano como el de Buscando a Nemo.

Una rara mezcla de irracionalidad sentimental, fanatismo y ciencia está produciendo el perturbador fenómeno de que desde posiciones ideológicas coincidentes se pida un respeto absoluto para toda forma de vida a la vez que se considera un derecho y una conquista matar a los humanos no nacidos, incluyendo la eugenesia que mata a los síndromes de Down antes de que nazcan.

En los azulejos del doctor Ariza se nombraba a Dios. Tal vez ahí esté una de las claves. La ética, según Victoria Camps, es la aceptación de un mundo sin Dios ni dioses donde, sin embargo, no todo está permitido. Personalmente estoy más de acuerdo con Dostoievski.

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