Ansia viva

Óscar Lezameta

olezameta@huelvainformacion.es

Un adiós que duele

La despedida a un ser querido muestra lo mejor de la familia que la vida quiere poner en tu camino

Tal está la política, que el que la añadió como calificativo a familia, se cubrió de gloria. Bueno, pues de eso hoy va este cachito que, como me ocurre en algunas ocasiones, es más una terapia que aquello que mi mujer y yo hablamos cuando estamos en la cocina, o lo que le cuento a la tele cuando me enfado con ella. Hace justo una semana, nos dejó mi suegra. Compartí con ella los últimos años y aunque me quedó pendiente haberla conocido cuando esa razón en la que basó su vida comenzó a abandonarla, disfruté de su dulzura, su calma y una bondad infinita. Lo mismo le ocurrió a mi aita, irreconocible en sus últimos momentos, pero al que recuerdo como fue. A Rosario no le agradeceré lo suficiente haber puesto en este mundo a la persona que quiero que esté a mi lado mientras los dos estemos por aquí, para reír, llorar y hacer cuantas mudanzas nos pongan por delante con el pleno conocimiento de que estamos bien si estamos juntos.

He vivido el dolor y las lágrimas a la sombra del frío de la sierra de Ubrique, conocido a personas que compartieron con ella momentos que recordarán siempre, acompañando en su pena a quienes sufríamos mientras la despedíamos. A la mayoría nos caen encima, cuando asistimos a una despedida así, vivencias cercanas, adioses a personas que nos acompañaron en esta vida y a las que no quisimos despedir tan temprano. Afloran en esos momentos unos sentimientos que jamás nos abandonarán.

Necesitamos tiempo para continuar adelante, para recuperar esas mismas ganas que teníamos cuando todavía estaba con nosotros. Lo haremos, por nosotros y por aquellos que están a nuestro lado. Las personas nos tenemos unas a otras para compartir unas cervezas cuando celebramos algo o un paquete de pañuelos cuando nos ponen la zancadilla. Nos costará, pero volveremos a reír cuando recordemos lo mucho que aprendimos de ella y que seguirá con nosotros no importa los años que pasen. Es entonces cuando esa familia que te llega por añadido, se convierte en un regalo; un abrazo a su marido, a sus hijos y un teléfono que elimina la distancia que nos separa hasta hacerla desaparecer; compartir con ellos lo que nos depare la vida, ayudarnos y consolarnos cuando nos hace falta y juntarnos de vez en cuando para recordar lo que fuimos, somos y seremos, es lo que nos hará mejores y eso es lo que tendremos que agradecer a esa mujer a la que echamos y echaremos de menos. Gracias.

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