Ansia viva

Óscar Lezameta

olezameta@huelvainformacion.es

Vox es un país para viejos

Cuando me pidan el carné de españolidad estos recién llegados vamos a echar unas risas; no apruebo ni de lejos

La memoria política comienza a parecerse a la meteorológica; cada vez que pasamos calor en diciembre, pensamos que esto no ha ocurrido nunca, hasta que alguien con los datos encima de la mesa nos despierta. La irrupción de Podemos iba a traernos la Venezuela chavista, a pasarnos horas en colas para comprar el pan y a vaciar supermercados. Después de años de gobernar, no ha pasado absolutamente nada de eso. La llegada de inmigrantes, el burka obligatorio, mezquitas en todos los barrios, enseñanzas del Corán en las escuelas y la islamización de nuestra muy católica sociedad. Ahora, con el despertar de una parte de la sociedad que, no lo olvidemos, siempre estuvo ahí, nos sumergirá en la exaltación del franquismo, el cierre de Canal Sur, el fin del Estado de las Autonomías y la vuelta atrás a un tiempo del que llevamos cuatro décadas huyendo. Una semana después de las elecciones que pueden cambiarlo todo, hasta Casado, que nunca tuvo problemas en mirar atrás para no avanzar nada, se resiste a pactar algo con quienes hacen del no a todo la mejor manera de ir por la vida. Lo mejor para desenmascarar a este tipo de personas, es dejarlas actuar.

Siempre que escucho a alguien nuevo, no me importa dónde se ubique, trato de ver qué tipo de país me propone, aquel en el que me sentiría a gusto viviendo, respirando y disfrutando. Por eso, los de ahora me parecen viejos prematuros por muy jóvenes que parezcan. Me pintan una sociedad correosa, caducada, viejuna y que huele a Varón Dandy.

Porque un servidor ya se ha puesto en guardia. Si se tiene en cuenta que nací en Barakaldo, que entiendo cuando mis amigos me hablan en euskera, que prefiero la cerveza al vino, que soy del Athletic, que no me gustan los toros, que para mí las sevillanas son las que han nacido en Sevilla, que el fino me da dolor de cabeza, que la caza me parece una salvajada, que las procesiones me aburren, que no rezo a nadie, que al único santo que venero es San Mamés (que de buenas nos has librado amigo así que sigue mirando por nosotros este año, anda), que no me gustan el rabo de toro ni los callos, que el flamenco no lo entiendo y que no me echo la siesta porque me da una modorra toda la tarde que me quedo muerto, a ver dónde me meto yo cuando pidan el carné de nacionalidad. Menos mal que me queda Portugal cerca para echar los papeles.

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