En esta escalada permanente de la falsedad, este presunto progresismo -¡cómo se ha prostituido el concepto! -, la voracidad fiscal y además por decreto, es la fórmula, dicen, para que los ricos paguen más aunque al final sigan pagando los mismos. Así el gobierno en lugar de activar soluciones, busca protegerse con una agenda que recorta nuestros derechos y libertades. Mientras demora decisiones para resolver los problemas más graves que nos acucian, se apresura a aprobar precipitadamente con sendas alternativas que contrarían la sentencia del Constitucional que por tercera vez declaraba inconstitucional y nulo, el impuesto de plus valía. Una vez más, recordemos, la dialéctica de faralaes propia de la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, prometiendo una determinación inmediata. "El lunes arreglo lo de la plusvalía". Es decir para aliviar a todos los alcaldes del partido con sus fervorosos aplausos - y el silencio cómplice de los del PP desde fuera -, muchas prisas, las que no se emplean en resolver conflictos acuciantes y angustiosos que padecemos desde hace mucho tiempo. Con prisas y por decreto, aunque los expertos le hayan dicho al gobierno que es "inconstitucional".

Hora es ya de que los ayuntamientos, unos y otros, le digan al gobierno que asuma gastos que corresponden al Estado y no a los municipios para esquilmar al ciudadano con impuestos injustos como lo es el de la plus valía. O para igualar impuestos y prebendas a unas comunidades por igual. Para que, además, regiones como Cataluña y el País Vasco acusen a Madrid del mal llamado "dumping" cuando reciben más del doble de los impuestos nacionales y disfrutan de un régimen foral que les beneficia hasta el abuso, viéndose apoyados en la actualidad por el propio gobierno y sus socios que imponen un socialismo fiscal a la fuerza con su insaciable voracidad confiscatoria, insolidaria y antieconómica. En su intolerable mezquindad han llegado a acusar a Madrid de haberse convertido en "un paraíso fiscal", según el prepotente Urkullu. Falso porque Madrid no se queda con el dinero del resto de los españoles, ha crecido un 32% en el último año y supera en 12 puntos la media.

Argumentos de este miserable cariz contra Ayuso y la Comunidad de Madrid son los que empuñan nacionalistas y otros vengativos adversarios de la mandataria madrileña a los que, además, se unen, alborotados y en algunos casos jubilosos, muchos corifeos mediáticos y medios afines al gobierno que están pervirtiendo la política y la democracia. Pero en este enloquecido e insidioso tumulto lo peor es el fuego amigo, esa turba torpe de ambiciosos arribistas del PP empeñados una vez más en ahogarse en los propios charcos que ellos provocan. Diferencias y enfrentamientos de partido, que pueden ser habituales, pero que en este caso resultan inoportunos y suicidas, sobre todo cuando las perversas ambiciones filibusteras de algunos, ponen en peligro francas posibilidades de éxito.

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