Visiones desde el Sur

Virus

El coronavirus es un elemento al que las autoridades sanitarias deben dar una respuesta

Hay muchos tipos de virus. Más de los que pensamos. Sin embargo, en esta sociedad globalizada en que vivimos, las desgracias se hacen virales en función de unos intereses espurios que a la ciudadanía se nos hace imposible de comprender, entre otras cosas, porque así está organizado por el poder instituido. Y cuando digo poder, no me estoy refiriendo a los distintos gobiernos existentes en el mundo, que supuestamente son los que deberían regir estas cuestiones, sino a aquellos poderes fácticos que, de verdad, de la buena, son los que controlan el cotarro, por utilizar una chabacana frase.

Es obvio que el naciente coronavirus se ha colado en nuestras vidas como un elemento al que las autoridades sanitarias mundiales, en coordinación, deben dar una respuesta acorde con su peligrosa capacidad demostrada de expansión, antes de que, a ser posible, se convierta en una pandemia. Hasta aquí, nada que manifestar, excepto que se tomen las medidas necesarias que hayan de adoptarse, a ser posible, sin generar alarmas injustificadas o negocios fraudulentos auspiciados por los de siempre, aprovechando esta situación llamémosle de debilidad social, para hacer truculentos negocios como suele ocurrir a río revuelto.

Pero, entrados en harina, deberíamos reflexionar sobre otra virología que se manifiesta en multitud de formas, aunque, las más de las veces, asociada al mundo de los negocios y de las transacciones económicas, que, al igual que el coronavirus, no conoce de fronteras y convive con nosotros como perro por su casa, y, a mi entender, son las que más nos deberían preocupar a todos y no le hacemos caso alguno.

Veamos. Si este columnista dijera que los gurús económicos, los políticos, los filosóficos, los religiosos, las estructuras sindicales y patronales, los medios de comunicación, las redes sociales o los líderes de opinión conforman, cada uno de ellos, un virus que se inocula en nuestras entendederas -para mejor gobernarnos- y que no hay vacuna posible contra ellos porque nos la ocultan, nos la sustraen de la formación que debiéramos recibir de manera reglada, y que el único camino ante esa carencia pasa por el conocimiento individualizado, dado que, a sabiendas -reitero-, no nos educan para ver tales obviedades que inciden en nuestro bienestar mucho más y con peores consecuencias que el coronavirus, probablemente muchos de los lectores me tildarían de loco: de vivir fuera de la realidad.

Bueno, pues dicho queda.

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