La verdad es que estamos viviendo momentos espectaculares de mediocridad en tantos ámbitos de la vida cotidiana que llegamos al punto de considerar como normal aquello que roza el absurdo. La relativización continua de las cuestiones, el manejo permanente de la libertad de expresión para justificar la ofensa y, al mismo tiempo, de forma incoherente se impone la corrección política como herramienta de opinión cuando no es más que una manera encubierta de censura.

Estamos en una deriva totalmente absurda de minusvaloración de las formas, la cortesía, la educación, lo protocolario… incluyendo, en el mundo político, el sentido institucional y el criterio responsable en el ejercicio de los cargos públicos -con las correspondientes excepciones, que las hay- en su misión de servicio orientado al bien social de los ciudadanos y los pueblos.

Comento esto ante la sensación personal de verdadera congoja que me producen momentos como los actuales, sea cual sea la opción individual de su voto, tiene comportamientos de una frivolidad exasperante. Ello me apena porque al final, es también mi presidente, el de mi país y, sin embargo, parece no ser consciente de lo que ello significa. Da la sensación de no importarle nada más allá de su propio ego. No hay síntomas de que tenga otra ideología que la endogámica, más partido que aquel con su sede en la Moncloa y no el de Ferraz, con miles de sedes repartidas por todo el territorio nacional, ni más valores y principios que aquellos relacionados con la rentabilidad publicitaria, cuanto más superficial y si es posible de altos vuelos, mejor, por supuesto sin cortapisas éticas, como ponen en evidencia las hemerotecas. Todo ello, culmina con frases como la pronunciada en la presentación de su reciente libro, cuando se atreve a lanzar este consejo a la prensa: "No se dejen arrastrar por los bulos, la verdad siempre prevalece". No me negarán que, conociendo al personaje y su trayectoria, esto resulta antológico. Ya que cito el famoso libro, unos mínimos apuntes del nivelazo del señor Sánchez.

No tuvo bastante con la tesis doctoral, aún sin aclarar y pegando regates a las comparecencias ante los encargados de dilucidar el supuesto plagio que, ahora, le escriben el libro -en un periodo inusual por estar en pleno mandato presidencial- y él va y lo firma con toda naturalidad. Luego, lo mismo alude a San Juan de la Cruz en una afirmación, universalmente conocida, de Fray Luis de León, toda una demostración de su nivelazo cultural que roza lo irrisorio sin, naturalmente, dejar pasar el desparpajo al revelar conversaciones privadas, casi de colegas podría interpretarse, con el propio Rey o su aprendizaje sobre el sentido de Estado que le suscitó el antecesor al que llamó indecente. No me olvido del famoso colchón, pero me retiro a acostarme en el mío que es tarde y, seguro, soñaré con el nivelazo que nos rodea y dirige.

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