El indulto, o sea, la gracia por la que se perdona la pena por un delito, es tema de actualidad. Los medios informativos y la opinión pública fijan su atención estos días en dos casos polémicos: el de los presos del procés catalán y el que atañe a la expareja formada por la granadina Juana Rivas y el sardo Francesco Arcuri. La trascendencia política del primero es mucho mayor, pero también el segundo suscita pasiones en las que la objetividad pasa a un segundo plano al haberse planteado el debate como una bandera enarbolada por el feminismo radical.

Empecemos por este último. La secuencia de hechos se inicia en 2009 con un enfrentamiento doméstico que termina en lesiones leves para ambos; sigue con alejamiento por orden judicial, reconciliación y nacimiento de un segundo hijo; ruptura definitiva, con la retención y ocultamiento de los hijos por parte de su madre, incumpliendo las órdenes de devolución de los tribunales. Sorprendería, si no fuera algo habitual, cómo, a partir de manifestaciones de una u otra parte, los ciudadanos supuestamente ajenos a la disputa toman partido y, por ejemplo, firman cientos de miles de ellos avalando la versión de la mujer, llegando muchos a autoinculparse, al estilo de Fuenteovejuna, con la bizarra afirmación "Yo soy Juana". Sin embargo, el tribunal de Granada, el Supremo y el italiano coinciden en sus sentencias y consiguiente condena a Juana Rivas, que acaba de presentarse en un Centro de Inserción Social.

Mi vaticinio es que este asunto terminará con el indulto de Juana Rivas. El Gobierno será receptivo a una campaña bien orquestada, en un momento en que la sensibilidad social está además influida por el terrible filicidio de las niñas Olivia y Ana. No hará caso al socialista Leguina, que habla del "pisoteo de la presunción de inocencia" y pregunta: "¿Cuándo pedirán perdón las feministas radicales por el mal que han hecho en este y otros casos?". Pero el Gobierno indultará a Juana porque no puede dejar la baza populista en manos de Podemos y de la ministra Montero, que reclama una "justicia feminista". Por mi parte, no pretendo sentar cátedra, pero creo que la defensa a ultranza de una mujer por el hecho de serlo, con apasionamiento que no deja lugar a un análisis sosegado de los hechos, hace un flaco servicio a la causa feminista, que apoyo. La semana que viene hablaremos del otro indulto, el del procés. Son palabras mayores.

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