María Fernández

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Teletrabajo

El teletrabajo no solo sirve para ahorrar, también apaga, desgasta, borra ilusiones y te despista de la realidad

Esta mañana nada más despertarme me saltó una notificación en LinkedIn: "¿Qué valoras más el teletrabajo o el sueldo"? Como LinkedIn es una red social enfocada al ámbito laboral es muy común encontrar noticias de este tipo. Pero lo que me sorprendió fue ver que muchos anteponen la posibilidad de trabajar desde casa al salario que va a cobrar. Para la conciliación familiar puedo llegar a entenderlo. También para los que no pueden desplazarse y encuentran en esta opción una oportunidad de empleo. De más está mencionar a los que pillan el Covid o cualquier otra enfermedad y evitan perder su puesto gracias al trabajo a distancia.

Para todos esos supuestos está bien, pero para los demás, ¿de verdad alguien en su sano juicio escoge el teletrabajo antes que un mejor sueldo? Desde hace casi dos años se implantó esta nueva rutina laboral como una obligación con la llegada del coronavirus. Todos aprendimos a cambiar nuestro ritmo vital, a adoptar nuevos hábitos, a adaptarnos a un horario de oficina marcado (muchas veces) por nuestra propia fuerza de voluntad. Tuvimos que afrontar un encierro impuesto que, en más ocasiones de las deseadas, provocó divorcios, depresiones, falta de autoestima, soledad… pero que afianzó una nueva realidad que hoy en día, no solo algunos acatan, sino que eligen como la mejor opción.

Despertarse en pijama y comenzar a trabajar cinco minutos más tarde, casi sin moverte de donde estabas, con legañas en los ojos, el pelo encrespado y la voz apagada. Terminar la jornada de 8 horas, asomarte a la ventana y ver que fuera hay un sol que desconocías. Salir a la terraza después de horas ante el ordenador y sentir que los días se escapan entre los dedos. Echar de menos el ruido de los coches, mojarte los pies en un charco, aquel gorrilla que tanto detestas encontrarte cada día en la única zona libre de pago, tomarte un café con tu compañera, cruzarse a un amigo por casualidad, helarte de frío un 15 de enero, apurar la última hora pensando en las ganas que tienes de volver al sofá…

El teletrabajo no solo sirve para ahorrar, también desgasta, apaga, borra ilusiones y te despista de la realidad.Elegir la presencialidad nunca debería ser una opción, debería ser lo normal. Porque la vida, aunque a veces se nos olvide, está ahí fuera.

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