HUELVA INFORMACIÓN En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

En nuestra última columna terminábamos con una recomendación: "Cuídense de los idus de marzo". La historia ya la conocen, fue la advertencia a Julio César poco antes de asesinarle en el Senado de Roma, el 15 de marzo del año 44 aC. Efectivamente estas jornadas han resultado especialmente nefastas para nuestro país. No quería referirme a esto en este Caleidoscopio semanal, dado el torrente de noticias, comentarios, opiniones, criterios y recomendaciones de tantos y tantos a través de los medios de comunicación y especialmente de la televisión, el medio de mayor difusión. Cualquiera, la multitud de presentadores/as, comentaristas, tertulianos de turno, opinadores, como ahora incorrectamente se dice, analistas y demás colegas, pontifican, dogmatizan y proclaman con el mayor desahogo sobre el coronavirus y sus consecuencias. Otros, en la primera fila del poder, callan como muertos, se ocultan y desaparecen. ¡Qué distinto sería, como ocurrió en otras ocasiones, si fueran sus oponentes los que estuvieran gobernando! Una frase abunda: "Esto ha excedido lo previsible".

Pero, ¿qué era lo previsible? ¿Cuáles eran las previsiones? ¿Eran las justas, las necesarias? A toro pasado es muy fácil opinar pero la evidencia nos demuestra que se ha reaccionado tarde, demasiado tarde. Ciertas ideologías no admiten lo evidente. Un error de cálculo, una reacción tardía, una indecisión evidente por parte del Gobierno, ha permitido que la acción demoledora del coronavirus se haya extendido desmesuradamente. La capacidad de decisión ágil, oportuna y eficaz se prueba en los momentos álgidos. Este Ejecutivo ya ha mostrado en otras ocasiones su propensión a la duda y la indecisión. Y en este grave momento no se reaccionó desde el primer instante, desde que de Italia empezaron a llegar los primeros afectados y no se bloqueó el acceso ni por tierra ni por aire. Fueron evidentes varias negligencias: Interior tardó 30 días desde la primera muerte española en entregar a la Policía el protocolo anticoronavirus, la ministra Calviño ocultó las alertas de sus técnicos por la crisis, afirmando: "El impacto será poco significativo". Jamás debieron autorizarse las manifestaciones del 8-M cuando ya se conocía el progreso de los contagios y la alta cifra de afectados, que se ocultaron. Cuando se invoca la solidaridad, el esfuerzo común y la responsabilidad compartida y se rechazan actitudes indignas de los que se fueron el fin de semana a sus pueblos o a lugares de ocio, no se pueden ignorar otras responsabilidades de mayor rango, cuando es tan fácil criticar las actuaciones del contrario. Las determinaciones, tardías e intermitentes, son también escasas, tímidas tanto en lo económico como en lo sanitario. Como en otros momentos decisivos en la política de este país, en los que no se atajaron los conflictos decisivamente desde el primer momento, ahora las dudas y las vacilaciones nos han llevado a la situación que lamentamos. Ojalá no sea demasiado tarde.

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