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Salvo los que están eternamente prendados con sus delirios colectivistas, la gente, democráticamente formada e informada, sabe de sobra que nuestra Constitución establece la economía de libre mercado instituyendo el reconocimiento pleno de la iniciativa privada. No es posible mantener un sistema económico público, necesario en tantas necesidades económicas y sociales, sin el sostenimiento de esa iniciativa privada que genera empleo, riqueza y el Estado del bienestar, que no es un regalo del cielo ni un milagro privilegiado del padrecito Estado, del que todos esperamos sacar asombrosas prebendas. Valga esta reflexión que parecerá lapidaria para celebrar lo que hace poco invocaban o reclamaban los empresarios onubenses que pedían "más protagonismo para la sociedad civil y menos presencia política". Hagan posible tal deseo practicando más exigencias a la autoridad política con la que alternan, celebran y festejan a menudo y comparten fotografías y primeros planos, tan queridos por los medios de comunicación muy dados al oficialismo a ultranza.

Demandaban en esa comunicación la Cámara de Comercio y la Federación Onubense de Empresarios que las movilizaciones por las infraestructuras -¿recuerda el lector las últimas? - estén lideradas por la sociedad civil y que el papel político sea secundario. Añadían que "está bien que las administraciones locales se reúnan en Madrid o en Sevilla con los representantes del Gobierno y la Junta pero no tiene efecto porque los políticos están en un momento y dejan de estarlo en otro, mientras que la sociedad civil perdura y es permanente en la defensa de los intereses generales". De acuerdo, pero las entidades empresariales permitieron que los políticos locales y provinciales protagonizaran la manifestación y no era la primera vez, y me temo que no sea la última que esto ocurre. Sobre todo si como entonces están próximas las elecciones.

La consecuencia es la que hemos visto y analizábamos en una columna anterior reivindicando las reclamaciones expresadas en aquella manifestación, como ha quedado bien patente y denunciado. Cinco meses después, el movimiento social y político que demandó en las calles la llegada de las infraestructuras vitales para garantizar el desarrollo de la provincia, se mantiene en suspenso, aletargado entre la falta de un interlocutor válido en Madrid por la interinidad del Gobierno y los tímidos gestos realizados desde entonces. Así se describía en estas páginas y así seguimos con carencias y necesidades que se remontan a tiempos ya lejanos. Entre tanto vemos como considerables inversiones llegan a otras provincias y aquí brillan por su ausencia. La situación política, sin Gobierno y sin que se le espere, no es la más propicia. En ocasiones más halagüeñas tampoco lo ha sido. Sea la sociedad civil, la iniciativa privada, la que dé un paso adelante y los políticos gestionen sus reclamaciones firmes en Madrid en lugar de sacar pecho y pancarta en las manifestaciones.

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