Hace unas semanas se dio a conocer el fallecimiento de una mujer tras ser atropellada por un patín eléctrico; al ocurrir en una zona peatonal, saltaron todas las alarmas con relación al uso de vehículos de este tipo. Inmediatamente, y como suele ocurrir, se pasa a exigir regulación sobre la circulación de vehículos eléctricos. Hace falta una ley para ello. Parece urgente, y en muchos casos, ampliar el número de resoluciones, órdenes o decretos.

No he podido evitar relacionar este dramático hecho con el ocurrido hace unos días en un piso de la calle Marina, en Huelva capital. El final de una bronca y violenta discusión entre un hombre y su mujer, intercalada con los gritos de un niño en la misma escena, fue tan catastrófico que terminó con la mujer arrojando a un perro al vacío, desde el quinto piso, y amenazando después con tirarse ella. El hombre fue detenido por quebrantar la orden de alejamiento con relación a un delito de violencia de género y ella por maltrato animal. Es decir, que tanto la Ley de Violencia de Género, tan analizada y tan estudiada, como la Ley de Protección Animal pueden castigar pero no evitar que sucedan estos delitos. Siguen violentándose a mujeres y maltratando animales, como sigue el fracaso escolar a pesar de la sucesión de leyes educativas y como aumentan las infracciones de tráfico a pesar de las multas reguladas.

Evidentemente, las leyes son imprescindibles pero no suficientes si no pueden evitar que sucedan hechos deleznables ¿No será que habrá que buscar otra alternativa a la hiperlegislación? ¿No será que resulta excesivo disponer de una legislación europea, nacional, autonómica y local?

Dicen que el sentido común es el menos común de los sentidos ¿Y si nos arriesgáramos a hacerle algún caso? De acuerdo que surge espontáneamente, pero lo hace a partir de la experiencia. También es cierto que sólo es algo espontáneo, pero procede de unos valores practicados y compartidos socialmente ¿De verdad hace falta una ley para entender que no se puede ir por una zona peatonal en un patín con una velocidad excesiva? ¿De verdad una ley puede impedir que una persona tire al perro por el balcón?

¿Y si el tiempo consagrado a la discusión, consenso y publicación de normas se dedicase a ejercitar el sentido común? ¿Y si se despierta la llamada conciencia ciudadana a través del sentido común? ¿Y si se promueve la comprensión no por ley ni amenazas, sino por sentido común? ¿Y si se pensara de nuevo en aquel "prohibido prohibir"?

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