Religiones laicas

La libertad no goza de sus mejores momentos, a pesar de que algunos nos proclamen lo opuesto

En menos de un segundo el buscador en internet nos ofrece unos resultados, en millones, de unos mil cuatrocientos o de más de once mil doscientos, dependiendo de si el término que se coloca es amor o de su traducción en inglés, love. Verdaderamente apabullante y señal diáfana de que se trata de algo que nos interesa mucho a los seres humanos. Entre otros ámbitos, el amor está presente de manera insistente en las canciones, reflejándose con frecuencia en sus letras las fases típicas de una fuerte pasión en las que se describe a alguien como la personificación de un sueño largamente anhelado o, por el contrario, las duras etapas sufridas por una ruptura y el deseo de que se retorne a la situación anterior. Esto es algo que se repite en más de una cultura y con la globalización casi se puede afirmar que es universal. ¿Es buena o mala esa orientación usual? En principio no tendría por qué haber problema. Sin embargo, hay que admitir que suele darse una perspectiva del amor que tiene aspectos negativos, como, por ejemplo, la idealización de la dependencia emocional y la negación de cualquier valor vital ante la ausencia del ser amado. Ninguna de las características mencionadas son adecuadas para una saludable relación amorosa pero, lamentablemente, su existencia es habitual cuando se analizan y estudian los problemas de pareja. Pues bien, ¿dichas letras solo tienen que ver con las mujeres o arraigan únicamente en ellas? No. Insisto: no. Afecta tanto a ambos sexos. Sin embargo, en la Diputación de Navarra, dentro del programa educativo Skolae, no lo ven así y, aunque manifiestan que no las han prohibido, han puesto en la lista negra por sexistas a una serie de temas de artistas o grupos suficientemente conocidos como David Bustamante, Juanes, Maluma, Amaral, Shakira, Melendi, El Canto del Loco y otros tantos. ¿Error del enfoque? Sí, lo cual no tendría importancia si todo quedara en el intento de modificar determinadas creencias no recomendables relacionadas con el amor. No obstante, la cosa cambia si caemos en la cuenta de que forma parte de una creciente tendencia de ciertos colectivos -algunos en instituciones públicas- de imponer sus criterios y reglas en el actuar, pensar y hasta en los temas más personales, condenando como herejes a los que no siguen sus preceptos desde sus integristas religiones laicas. Pertenecen a la saga de los salvadores. La libertad no goza de sus mejores momentos, a pesar de que estos nos proclamen lo opuesto.

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