HUELVA INFORMACIÓN En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Desde mi córner

Luis Carlos Peris

lcperis@diariodesevilla.es

¿Recuerda a futbolistas rebozados en barro?

Ver fútbol del pasado permite comprobar la cantidad de cambios que se han producido

Redundando que es gerundio con perdón, la insufrible reclusión domiciliaria nos impele al viejo ejercicio periodístico de contar lo que pasa. Y, con el fútbol también en tiempo de clausura, lo que pasa suele centrarse en recordatorios del pasado. De esta forma nos estamos aplicando a la contemplación de lo que nos viene por la pequeña pantalla para darnos cuenta y recordar la gran cantidad de cambios introducidos en el fútbol.

Cambios en las normas, en las formas de jugar y en el estado de los terrenos de juego. Sobre esto último hay que alabar cómo están de cuidados las canchas de hogaño, siendo ya imposible ver esa imagen del futbolista rebozado en barro sin necesidad que fuese en Atocha o San Mamés, que mi amigo Pablo Blanco no deja de recordar cierto partido con el Atlético de Madrid y otro con la Real Sociedad, ambos en Nervión, en que terminó con barro desde los tacos a la coronilla.

Los dos últimos partidos que he visto por esa guisa televisiva han sido el Yugoslavia-España de noviembre del 77 en Belgrado y la final del Mundial de México 86. El primero nos mostraba un campo pesadísimo, mientras que el Azteca presentaba ese día una superficie irregular y de hierba alta que dificultaba la conducción una barbaridad. Y me sirvió para recordar cómo el gol de Valdano a Schumacher fue un prodigio de técnica, dado que el balón iba dando botes como un conejo cuando corre.

Del partido de Belgrado, aparte el centro de Cardeñosa en el gol de Rubén Cano, me llamaron la atención el campo y la dureza. Desde la tarascada a Juanito en el saque de centro, a cómo Kustudic cazó a Pirri, fue un recital de tropelías. Un duelo en el que parecía prohibido hacer prisioneros, algo difícil en este fútbol de campos como mesas de billar y un puñado de ojos como stop a la barbarie. La clausura permite recordar cómo cambian los tiempos; algo bueno debía tener.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios