Paco Huelva

Privilegios

La Casa Real se equivoca intentando normalizar unas conductas que, si no son punitivas, sí son reprochables

Una de las muchas personas que estarán hoy en Sanxenxo, por mucho que quienes avalan su trayectoria sin mácula -dicen- porque así lo ha determinado la fiscalía, no es un español más, no. Vamos, no es un tiquismiquis cualquiera como el que escribe este diserto o como usted que me lee, y perdone el exabrupto si la comparación le ofende.

Una de esas personas llegó a ser jefe del Estado en España durante un buen número de decenios y, aunque no existan razones de índole jurídica que le impidan viajar al lugar de España que le salga de la entrepierna, sí que las hay en su dimensión ética sin la más mínima duda, se pongan todos los monárquicos de este país y del orbe como les dé la gana.

Porque, disfrutar de la inviolabilidad que la Constitución española les asigna a las personas que desempeñan tan alta magistratura, o sea, la jefatura del Estado español, a la que habría que darle un repaso para que sucesos de estas características no vuelvan a ocurrir en cuanto hubiera algo de tiempo y de consenso en la materia -para que en el devenir nadie pueda ampararse en ese trasnochado y hasta medieval privilegio-; o, haber regularizado su anómala situación con el fisco haciendo el ingreso correspondiente en Hacienda, que tiene mandanga la cosa en tan alto representante; o, en última instancia, que los delitos que cometió hayan prescrito, itero, los delitos que cometió y que quedan fielmente expuestos en los decretos de archivo de las causas abiertas contra su persona, hayan caducado, para entendernos, no convierten a este Señor que llegará a Sanxenxo en el día de hoy en un ciudadano ejemplar ni mucho menos. Y que no me vengan con componendas de la especie "es que lo hizo muy bien en la transición española", porque, ese era su trabajo y para eso le pagábamos de las arcas públicas, o sea, del dinero de todos los españoles, al igual que ahora le ingresamos a su hijo las cantidades decididas para su sustento y el de la Casa Real.

La Casa Real se equivoca intentando normalizar unas conductas que, si no son punitivas por las causas expuestas por la fiscalía, sí son éticamente reprochables y le hacen daño a Galicia y a España, por mucho que digan el alcalde de Sanxenxo, el presidente de Galicia, algunas organizaciones políticas y hasta el obispo de Roma si llegare a pronunciarse. Más les valdría a todos ellos encomendarse a San Ginés, el Patrón de la parroquia de Padriñán, al que le debe el nombre ese marinero pueblo.

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