Escribía aquí hace unos días que las elecciones en la Comunidad de Madrid habían zarandeado muchas sensibilidades, y también muchos instintos y reacciones excesivamente viscerales. El notable éxito de Isabel Díaz Ayuso ha servido para desatar muchos nervios, apresuramientos compulsivos y prisas imparables. Así es nuestra política de vaivenes febriles, improvisaciones apresuradas, cambios vertiginosos y contradicciones sin límite. Los especuladores del asunto azuzan y aceleran esta resbaladiza perspectiva. Ahí tienen a los socialistas madrileños tratando de arreglar a toda prisa sus siempre maltrechas estructuras, sus errores enquistados y su falta de autocrítica y a los del Sur, de esta Andalucía nuestra, agitando sus primarias con urgencias enfermizas. Con Susana Díaz en su empeño de seguir liderando sus filas y Juan Espadas tratando de conquistar el sólido bastión de una militancia indecisa o dividida.

Pero no faltan en la latitud contraria quienes en este río revuelto de las expectativas desde la atalaya mediática, que tanto contribuye al enfrentamiento y a la confrontación, siempre desde intereses afines u opuestos, a animar al presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno - no me permito confianzas para llamarlo Juanma, como se le dice habitualmente - a convocar elecciones. Téngase el presidente y no se precipite ni oiga cantos de sirenas, muchas veces mal intencionados. Cuide de su socio de gobierno, y mida bien las distancias exactas. No se deje deslumbrar por las encuestas, que suele cargarlas el diablo, y siga con rigor su consolidación de un gobierno sin estridencias y sin ambiciones desmedidas, que lo que importa es el bienestar de los andaluces y el seguimiento de una senda sobre la que hasta ahora se va avanzando con prudencia y moderación. Líbrese de aduladores y cuídese de un electorado voluble que puede convertir un paisaje favorable e idílico en un territorio comanche en lo político y en lo mediático.

Difícil momento el que vive el país, con un Gobierno autócrata que nos miente desde que pisó La Moncloa y cada día desatiende más sus deberes y responsabilidades, dejando a las Comunidades Autónomas sin los instrumentos jurídicos sólidos y eficaces para administrar esta desescalada sin las garantías suficientes y en contra de la opinión de los expertos (los auténticos) y forzando a la justicia a tomar decisiones que no le corresponden. Vertebralmente afectado por el éxito popular del 4-M (el ex ministro socialista Sevilla decía: "Nos deja sensación de provisionalidad en el Gobierno"), nos movemos entre una especulación interesada, una soberbia intolerable que llega al insulto a quien no les vota, tratando de imponer una supremacía intolerable y en un chantaje evidente: ¿Qué Comunidad puede pedir ahora la vuelta a las restricciones y el toque de queda sin resultar estigmatizada y penalizada por el electorado más joven? En este país muchos por "una cervecita" mueren. ¡Y mueren!

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