Facebook es una maravillosa herramienta de comunicación, que amplía de modo espectacular el campo de nuestras relaciones y que la mayoría no habríamos podido imaginar hace solo veinte años. Con los contactos que promueve ha creado un nuevo tipo de amigos, generalmente superficiales, sin perjuicio de que en ocasiones el conocimiento virtual pueda evolucionar hacia una auténtica y profunda amistad. Como canal de conversación joven no se ve libre de los defectos de los tradicionales, entre ellos la banalidad que preside muchos de los coloquios y, en el otro extremo, la violencia verbal en las discusiones que surgen.

No voy a criticar las charlas intrascendentes a través de escritos que a algunos nos parezcan prescindibles, que provocan rutinarios Me gusta o alabanzas por la nueva foto colgada o la última gracia del niño de la familia. Otra cosa son las polémicas que se desatan sobre temas de actualidad política. Si debatir es en sí algo positivo, la lástima es que entre los intervinientes que defienden con argumentos razonables las distintas posturas suele mezclarse algún impresentable.

Como ejemplo, contaré que me he visto involucrado en una de estas polémicas en torno a la inmigración ilegal, suscitada por Cristóbal J. No comparto sus ideas, aunque soy consciente de que una parte significativa de la opinión pública pone el acento en los problemas que crean los emigrantes, ignorando los beneficios que también originan en los países que los reciben y cerrando los ojos a las penosas circunstancias que provocan su éxodo. Pero en el debate intervino Francisco M. G., que se presenta con la leyenda Español de nacimiento y por la gracia de Dios y acusa a las ONG del Aquarius y del Opel Mas (sic) de estafadores y traficantes de personas. Cuando le pido un ejercicio de empatía basado en su suerte de haber nacido en España y no 500 kilómetros más al Sur, me responde, declarándose cristiano, que me deje de demagogia y que me lleve a los sin papeles a mi casa. Entonces le pregunto si cristiano es el que toma a Cristo por modelo, añadiendo que siento si lo he molestado. Esto provoca su ira y me acusa de anticristiano. Tercia en el debate Ignacio A. D. para decirle que es un completo analfabeto y Francisco le responde que él con cerdos no habla. ¿Lamentable? Veamos el lado bueno. En Facebook, a diferencia de las discusiones tradicionales, es imposible llegar a las manos.

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