La otra orilla

Víctor Rodríguez

Pedir y dar

En la parábola del amigo inoportuno, Jesús viene a decir que si no te atienden por justo te atenderán por pesado, que hay que insistir, que hay que pedir y llamar, para que nos den y nos reciban. Hay muchas señales que indican que el mundo, tal y como lo hemos conocido, está cambiando más rápidamente de lo que creíamos. La transformación ambiental es cada vez más evidente y extrema, la epidemia de Covid nos ha demostrado que ni nuestras sociedades, ni la política, ni la ciencia tienen respuestas infalibles y rápidas, ofreciendo remedios similares a los de hace siglos, como el confinamiento. Los demógrafos apuntan a que el año 2050 supondrá un punto de inflexión en la historia de la humanidad, cuando la población alcance su máximo histórico, para empezar a caer. Esto, que ahora mismo no es más que una proyección, supone un cambio en el paradigma de la lógica liberal del crecimiento constante. No, los recursos de la Tierra y sus pobladores no pueden ofrecer crecimientos constantes, todo es finito y, cada vez más escaso.

Algunos no quieren ver esto y siguen enarbolando banderas, fronteras y encierros en una inútil defensa de identidad. En el Reino Unido se han quedado sin gasolina o sin algunos productos y servicios básicos como el de cuidados de personas, porque el Brexit ha expulsado a mucha población extranjera y ahora no hay personas que conduzcan camiones o cuiden a niños y ancianos. No queremos gente de fuera, Gran Bretaña para los británicos, pues ¡toma ataque de realidad!

Esta semana han aparecido en una playa de Almería los cadáveres de varias personas, entre ellas un niño, por el naufragio de una patera. Según la Organización Internacional para las Migraciones, en lo que llevamos de año han sido más de mil las víctimas en las rutas de inmigrantes hacia territorio español. Detrás de cada caso hay una persona, una familia, unas ilusiones y un esfuerzo vital para procurarse una vida mejor, que es la aspiración de todo ser humano.

Llegará un momento, ya de hecho lo estamos viendo, en que suplicaremos la llegada de gente joven de otros países para que nuestras sociedades no se caigan, para que los productos lleguen y haya pan y fruta en los supermercados, y niños y mayores atendidos en sociedades abiertas, mestizas y democráticas. Dentro de poco una pareja joven con niños será un tesoro que se disputarán, no ya los pueblos pequeños del interior, sino los principales países.

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