Vaya por delante mi felicitación a la Hermandad de la Sagrada Lanzada por los magníficos momentos cofrades que nos ofrecieron a los onubenses, con la solemnidad de lo sencillo, con motivo de la imposición de la Medalla de la Ciudad a su Sagrada Titular, la Virgen de los Dolores.

Dicho esto, hoy nos preparamos para vivir un acontecimiento singular. Tras cien años de andadura corporativa penitencial, Jesús de la Pasión saldrá de manera extraordinaria en procesión para encontrarse con Huelva y sus gentes.

Pasión y Huelva, la vieja Onuba y Pasión, dualidad afectiva dada la condición de ciudadano ilustre de Nuestro Señor y devocional porque el pueblo deposita en Él sus esperanzas y satisfacciones, sea en las incertidumbres o en las alegrías. Y es que septiembre se está convirtiendo en un mes especial e histórico en la cultura pasionista. Sea por la vivencia extraordinaria del acto de imposición de la Medalla de Huelva y en el presente de este sábado septembrino, Procesión Centenaria.

Procesión que viene a ser culminación de la apoteosis mariana vivida el pasado 4 de mayo con la presencia de la Virgen del Refugio en las calles de Huelva. Sorprendente, extraordinario y, devocionalmente, sincero encuentro de la Virgen con su pueblo choquero. Y, ahora, como buen Hijo, Jesús de la Pasión sale con el permiso materno preciso, conocedora de la ansiedad popular de ese encuentro inconmensurable que vivimos cada Martes Santo y que hoy vamos, excepcionalmente, a repetir acompañándolo por lugares inéditos de nuestra geografía urbana y que, quizá, nunca más volvamos a contemplar.

Hoy, día grande pasionista, día grande cofradieramente, día grande onubensista, día grande devocional y, en definitiva, día grande para Todos, sin excepción. Que cuando Jesús de la Pasión está en la calle, Huelva se estremece; Huelva se emociona; Huelva, llora; Huelva, canta; Huelva, reza; Huelva, hace promesas, se ilusiona, se confía, se crece y se agiganta a la sombra de su andar cansino con la Cruz a cuestas, camino del vil sacrificio. Ese que verá consumado cuando visite al Cristo de la Expiración y lo veremos representado en esas "santas mujeres", enamoradas del significado crucífero, tal cuales son las Hermanas de la Cruz, cuando por primera vez puedan verlo en su Casa conventual… y comprobaremos muchos ante tantas sensaciones, estaremos tranquilos y satisfechos al saber que en San Pedro, tenemos un Refugio permanente al que acudir y que su Hijo va a encontrarse con la maternal mirada de la Esperanza con Huelva de testigo.

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